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Stella Arietis                                                                                                                                                   por: IaN HaGeN

Entre la Espada y la Pared 

Saint Seiya podría calificarse como una fuerza de la naturaleza: es incontrolable, incorregible, y por muy repetitivo en su fórmula –tal como muchos afirman– también puede llegar a ser poderosamente impredecible. Es un monstruo que sobrepasa por mucho a su propio creador y a su grupo de fanáticos, y es esto lo que quizá los ha llevado a tratar de destruirlo. Sí, como lo leen: hay personas que desean acabar con Seiya y sus amigos, y no hablo precisamente de los Dioses del Olimpo. 

Tal vez se deba a ese preciso atributo de vida propia el que ha empujado a diversas potencias a tratar de acabar con su legado, comenzando por su “padre”, el mangaka Masami Kurumada, hasta llegar a un grupo cada vez más amplio de supuestos “fieles”, que requieren casi con urgente ver a de vuelta a Saint Seiya a la tumba de la que salió hace poco más de cinco años. Sí, entre Masami Kurumada y los fanáticos acomplejados, es decir, entre la espada y la pared, existe un enorme deseo, cada vez menos secreto y más activo, por practicarle un sabotaje a Saint Seiya y verlo en la debacle total. 

¿Por qué sabotear a Saint Seiya? O mejor dicho, ¿para qué? 

La respuesta en sí, es sencilla: para darle redondez a sus retorcidos complejos de inferioridad, y de paso conseguir la satisfacción de sus egos. Pero mejor veámoslo más a detalle y de forma más redundante. 

En el caso de su creador, el venerable “maestro” Masami Kurumada, creo que la respuesta al sabotaje (que no, en su caso no es un autosabotaje, pero más adelante explicaré el porqué) la podemos hallar en una proyección psicológica en sus obras que ni él mismo ha logrado percibir. 

Resulta extraño el aparente desdén que Masami siempre ha manifestado por su obra; en casi todas las entrevistas es hermético y apático, también se le nota extenuado con el proyecto, y prácticamente da la impresión de sentir mucha pereza y cansancio por Saint Seiya. 

¿Qué ocurre con Masami? ¿por qué esos desaires? ¿por qué esa especie de ingratitud y resentimiento contra el manga y la serie? 

Desde mi humilde posición, pienso que sí yo estuviera en sus zapatos, en lugar de sentirme drenado por Saint Seiya, o de sentir flojera por hablar de esta obra, la fruición haría de mí su huesped: me sentiría entusiasmado, remozado y con vigor, porque Saint Seiya no sólo llena mis cuentas de banco (no por nada Masami Kurumada es uno de los mangakas más ricos de Japón), sino porque se ha vuelto inmortal en la mente de los fans. Pero no, Masami Kurumada parece no sentir mucho cariño por Saint Seiya, y al menos debería sentir agradecimiento con su obra por todo lo bueno que ésta le ha dejado. 

Saint Seiya es un producto rentable. En los ochentas fue un éxito rotundo, luego fue exportada al resto del planeta y triunfó también. Cuando todos la creían exánime, resultó que sólo estuvo en coma, y poco a poco fue moviendo los brazos, bregando por vivir y despertó de nueva cuenta, devorando una vez más el mercado con el relanzamiento de su manga, con sus nuevos episodios (Hades Chapter Sanctuary y Hades Chapter Inferno), con una película (Tenkai Hen), con sus multiples líneas de figuras y juguetes, con sus discos de audio, con sus videojuegos, y con más y más artículos que se venden, le guste a quien le guste. Saint Seiya brilla por sí solo, es oro puro. Todo esto supondría que Masami no debería ser tan indolente, que por el contrario tendría que tener una actitud de felicidad, que su alegría fuera tal que sólo viviera para pensar en escribir más historias sobre Saint Seiya (recicladas si gustan, tal como lo es Lost Canvas, pero que escribiera a final de cuentas), que pensará en una película de acción viva, que estuviera trabajando en el Tenkai Hen, no sé... pero el mangaka no quiere; se niega de forma rotunda, alegando que Saint Seiya lo desgasta creativamente hablando. ¿Y eso qué? ¿Qué tiene de malo si Saint Seiya lo consume? Debería de sentirse motivado por ello, no desalentado. 

A pesar del éxito que Saint Seiya está teniendo (considerando que estuvo por más de 13 años bajo tierra, y que muchos desean que regrese a la tumba) y que podría ser explotado de múltiples formas, Masami no escribe nada para sus mangas; no ha escrito nada para una continuación después de Hades, y en cambio sí se encuentra totalmente enfrascado en el segundo volúmen de Ring Ni Kakeru llamado "Ring Ni Kakeru 2". Para su manga de boxeadores enfoca todo su potencial artístico, y para Saint Seiya sólo deja las migajas, engendrando, o mejor dicho, vomitando para nosotros relatos incoherentes y anodinos en las páginas de su asqueroso Next Dimension. 

Y sí, también entiendo que no desee encasillarse con SS, que necesite probarse a sí mismo y crear cosas nuevas, y también comprendo que Ring Ni Kakeru 2 ha tenido su propio éxito, pequeño, pero éxito al fin; sin embargo, esto no se compara en lo absoluto con el significado de Saint Seiya y lo que esta serie provoca en sus fans, ni tampoco justifica que le dedique todo a los boxeadores y nada a los Santos de Athena, permitiendo concienzudamente que toda su creatividad sea absorbida por su hijo mimado, el receptáculo de todas sus gracias. 

No es ningún secreto que de todas las creaciones de Masami Kurumada, Ring Ni Kakeru es su predilecta. Desde siempre se ha manifestado en torno a esta historia de boxeadores como “su hija”, mientras que las demás obras, tales como Fuuma No Kojiro, Saint Seiya y Bt’ X por nombrar algunas, no entran dentro de esta categoría. Estas creaciones no alcanzaron el apellido de Kurumada, y por tal razón no las considera sus hijas… quizá sus hijas bastardas, pero no legítimas y merecedoras de todo su favoritismo como lo es Ring Ni Kakeru. 

Visto desde esa perspectiva, la del padre y sus hijos, supongo que a Masami le ocurre algo particular con Saint Seiya. Le cae mal Saint Seiya. Casi la aborrece. Le tiene celos. No lo manifiesta abiertamente, pero de verdad, no tolera este manga ni su serie de animación. Volvió su nombre famoso fuera de Japón, le ha dado más dinero que cualquier otra de sus creaciones, y es un producto que sin importar los boicots de los fans y de Toei, se vende. Pero no le gusta, le desagrada. Y quizá se deba a lo que mencioné antes. 

Con Ring Ni Kakero, Masami Kurumada obtuvo éxito en Japón. Pero fue un éxito moderado, no fue nada del otro mundo. Con Saint Seiya, Masami no sólo logró un furor en Japón, sino que su fama se extendió por gran parte del globo, y su creación sirvió como parteaguas en la apertura del mercado de animación japonesa moderna en Europa y Latinoamérica. Y fue ese éxito el que dejó marcado a Kurumada: Saint Seiya es una serie famosa, la fama la pertenece a Saint Seiya, no a Masami. 

Con la excepción de los supermegafanáticos (de los que hablaré más adelante), pocos saben, o mejor dicho, a pocos les interesa conocer el nombre del creador de Saint Seiya. Infinidad de gente recuerda a Saint Seiya en su infancia, le tienen cariño (u odio), y estos nuevos episodios provocan cuando menos curiosidad en ellos. Pero les importa un bledo quien estuvo, está o estará detrás de dicha historia. 

¿Será eso lo que provoca que Masami Kurumada sienta esta animadversión disfrazada de hermetismo con respecto a Saint Seiya? 

Si yo fuera psicólogo –que gracias a Dios, no lo soy– lo vería de la siguiente forma. Insistiendo en lo que dije en un párrafo anterior, Masami Kurumada ve a sus creaciones como si fueran sus hijos. Sukeban Arashi es como un hijo adoptivo al que quiere, pero en el fondo sabe que no lleva su sangre. Ring Ni Kakero es el primogénito, su favorito, el que refleja todos los sueños fallidos del padre (recordemos que Masami Kurumada es amante del boxeo, y de hecho, alguna vez llegó a boxear en su juventud) y que triunfa de manera considerable, pero limitada, llevándolo a idealizar a este hijo para siempre (algo así como su héroe personal, como su reflejo retorcido). Fuuma No Kojiro es algo así como el hijo de en medio, a quien nunca le toca el suficiente cariño, ni tampoco le es asignada la suficiente disciplina; es algo así como el que pasa desapercibido para el padre, y le importa sólo lo necesario para que no muera. Silent Knight Sho es el hijo perdedor, el que reprueba sexto año de primaria tres veces, y del que nunca desea hablar. Bt’ X es un hijo querido, a éste lo engendra para suplir el vacío que le ha dejado su primogénito, y casi lo consigue. Los demás, Otoko Zaka, Raimei No Zaji, Jitsuroku Shinwa y demás historias cortas, son intentos fallidos: son abortos del mangaka. 

¿Dónde queda Saint Seiya? Seiya es un hijo diferente, es especial. No está destinado a consumar los sueños frustrados del padre, pero habrá de triunfar… y triunfará más que su hermano –copia mental de los deseos de Masami Kurumada– lo que implica que de alguna forma éste llegará más lejos que el propio Masami. A grandes rasgos, Kurumada podría estar sufriendo de un enorme complejo de inferioridad y de un probable complejo de Edipo resuelto a medias, en donde él se siente amenazado por Saint Seiya, “su hijo”, quien le puede "quitar a la madre”, no eróticamente, pero sí en un simbolismo psíquico donde “la madre” vendría a ser la verdadera fortuna, no los yenes que le depositan mes con mes en la billetera: es decir, la fama.

En un sentido más vulgar, digamos que Masami Kurumada es como un villano de telenovela que desea que su hijo, un galán de galanes, se case con la protagonista (en este caso, la fama) de la telenovela (y el tipo en cuestión es un imbécil), pero cuando quien consigue hacerlo es su otro hijo, el que tuvo con la sirvienta, lo detesta, porque a pesar de llevar su sangre, tiene un ímpetu y una fuerza que ni su hermano ni su padre poseen. Todo se resume a celos. Saint Seiya ha obtenido más de lo que Masami y su hijo predilecto han podido. 

Saint Seiya es más grande que Masami, es más famosa que él, es más famosa que Ring Ni Kakeru, y siempre será más grande que ellos dos juntos. Masami sabe que la gente puede saber qué es Saint Seiya, conocer la obra, y no conocerlo a él en lo absoluto. Kurumada sabe que Saint Seiya siempre gozará de éxito, sin importar si es animado de forma estática, si se utiliza demasiado CGI, y más destacable todavía, sin importar si lo escribe él o no; porque cualquier otra cosa que él escriba, si no es bajo el amparo de Saint Seiya, de su sombra y su fama, difícilmente habrá de funcionar.  

Si me equivoco en esto, ¿por qué condicionar a Toei Animation con la animación de Saint Seiya a cambio de la de Ring Ni Kakeru? Porque Masami Kurumada necesita de Saint Seiya, pero Saint Seiya no necesita de él, y la prueba fidedigna de ello son los mangas de Lost Canvas y Episodio G, que a comparación con el Next Dimension (enteramente escrito por el mangaka) tienen un gran éxito a pesar de que Kurumada sólo funge como “asesor”. Es más, el brillo de Saint Seiya ha relegado tanto a Masami en su papel de escritor, que hasta algunas adaptaciones que ha realizado Toei Animation han resultado más exitosas que lo escrito por él. ¿Quién en Latinoamérica prefiere la historia de Alexei por encima de Asgard? Yo creo que muy pocos. 

Saint Seiya tiene vida propia, eso Masami Kurumada lo sabe y lo detesta, porque es su Frankenstein, porque es una creación a la que no puede controlar,y  porque es ella quien lo controla y lo mantiene con vida a él, y no al revés.  

No es culpa de Saint Seiya ser mejor que Ring Ni Kakeru. No es su culpa ser mejor historia, ni explotar mejor los arquetipos con los que todos nos sentimos identificados (o los que idealizamos) al ver la serie. No es su culpa despertar emociones y pasiones más profundas que la historia de los boxeadores, ni tampoco es culpa de Saint Seiya estar situada en un mundo donde hay poca cabida para el Masami Kurumada pugilista, amante de Rocky Balboa. 

¿Será por todo lo anterior que Masami parece querer truncar el camino de Saint Seiya? ¿Por qué no enfocarse en Seiya de manera definitiva y abandonar su trauma con Ring Ni Kakeru? ¿Por qué no darle continuidad ahora que es tiempo? Es como si Masami esperara a que la eufória por Saint Seiya terminara de nuevo, y esto la llevara nuevamente al Cocyto. 

Por lo pronto, a mi parecer, Masami sabotea inconscientemente y a cada momento a Saint Seiya. Las recientes revelaciones de su participación entrometida en la pobre animación en la fase de Inferno, así parecen demostrarlo. Él alega que se debe a que desea revivir “la pasión del manga”, confirmando su egolatría al querer centrar la atención en él mismo (en SU manga, su visión: lo que da vida a Saint Seiya), cuando bien sabe que el estilo de Araki y Himeno lo superan por mucho como dibujante, y es basicamente el estilo que más gusta a los fans. 

Masami Kurumada es una de esas fuerzas que desean destruir a Saint Seiya. La otra potencia sería… ¿Hades? Bueno, aparte del Dios del Inframundo y sus camaradas en el Olimpo (y en otros panteones que probablemente sigan existiendo en el universo de esta maravillosa historia) están los fans. Pero no hablo de los fans comúnes y corrientes, no… hablo de esos “supermegafanáticos”, a quienes de hoy en adelante llamaré “´molondros”: vocingleros que pretenden hacerse los interesantes o sentirse estrellas del firmamento al adjudicarse una visión “objetiva” y más elevada en cuanto a la concepción de Saint Seiya, por encima de “la fanaticada” común y corriente: o sea yo, y espero que también ustedes, queridos lectores. 

¿Qué pasa con esta especie de molondros? Es gente incongruente. Son incordios se hacen pasar por pseudo alemanes, y que van reptando por la espina dorsal de Saint Seiya, chillando como animales heridos, gritando disparates y haciendo críticas negativas (y desaforadas) que no concuerdan con el respeto que supuestamente tienen por la serie. Dicen amar a Saint Seiya, y sin embargo todo el tiempo están quejándose de algo. Cuando se utilizan muchos efectos de computadora, se reniega de estos excesos. Cuando se adapta el manga (es decir, cuando hay agregados) se habla de una corrupción o violación a la historia original. Cuando se apega todo al manga, hay un acuse de flojera y de falta de creatividad. Cuando se usa el estilo “estático” y mal dibujado que revive “la pasión del manga” por obra y gracia de Masami Kurumada, o bien por un presupuesto aparentemente pobre para animar la serie, también se dicen cosas terribles, aludiendo a la idea de “una unión” de fans, para pedir la muerte de Saint Seiya de una vez por todas. 

A mí me ha tocado ver en otros foros a estos fans molondros despotricar, dar su opinión de “expertos” y tachar de basura a Saint Seiya por su animación en Inferno. Hay quienes incluso han hecho solicitudes por internet para pedir a Toei que no siga produciendo SS, que no siga “aniquilando” sus bellos recuerdos de la niñez, con una animación que no les complace en lo absoluto. Estos son los “verdaderos” fans, los palurdos, los que proyectan (como Masami Kurumada) sus propias frustraciones y traumas existenciales en la serie, y pretenden ser o sentirse mejores fans que los demás, creerse más responsables y menos idiotizados con el ensueño que es Saint Seiya, al “abrir los ojos” y “darse cuenta” de la “porquería” que nos están vendiendo, aun cuando muchos de estos supermegamolondros, ni siquiera consumen los productos originales. 

 

Estos entes también forman parte del boicot silencioso y hasta ahora ineficiente en contra de Saint Seiya. Propagan su apatía por la red, intentan convencer a los demás no seguir consumiendo SS para que éste muera “con dignidad”, y están siempre alerta a cualquier noticia que tenga que ver con la serie, para seguir ladrando. Los peores, quizá, son los que se las dan de expertos de animación, como si ellos supieran realmente lo que cuesta animar un episodio; estos son algo así como los críticos de cine, quienes en realidad tienen un enorme complejo de inferioridad: son directores de cine frustrados, que como no pueden dirigir ni producir nada, sólo les queda el consuelo de lanzar críticas incisivas y destruirlo todo lo que son incapaces de crear. 

Por supuesto, no digo que esté mal criticar Saint Seiya. La serie es perfectible, tiene errores tremendos y está bien señalarlos, no está nada bien el conformismo, pero es una exageración el querer asesinar el proyecto de animación, sólo para mantener “viva” una imagen idealizada de lo que fue en los ochentas o en el idolatrado “Hades Chapter Sanctuary”, que ya es algo así como la vaca sagrada de esta obra. Si a la gente no le gusta lo que ve, es sencillo: que no lo vea; y si no quieren seguir viendo ultrajada su infancia, entonces que tomen sus recuerdos y se encierren en un manicomio; les aseguro que habrá otros a quienes sí nos guste lo que vemos, y no porque seamos ganado que consume lo que le dan sin replicar al respecto, sino porque sabemos que Saint Seiya es más que un episodio mal dibujado. Nosotros no nos basamos en efectos de animación para juzgar en su totalidad a la serie, sino que buscamos y vemos más allá, tanto en las actuaciones de los seiyuus, como en la música, en el desarrollo de personajes y en el desarrollo de las tramas. Saint Seiya es más que un montón de monigotes (algunos con complejo de Edipo, como Kurumada) lanzándose rayos a la cara. 

Es irónico, pero tal como sucede en su microcosmos, donde la creación corre peligro por causa de los dioses y del egoísmo de los seres a los que estos gobiernan, Saint Seiya en la actualidad corre peligro por culpa de sus dioses (Toei/Kurumada) y por aquellos que se supone deberían mantenerlo con vida (los supermegafansmolondros). 

Por eso, amigos míos, como Athena hiciera con Seiya, Shiryu, Ikki, Hyoga y Shun, yo convoco sus energías, su optimismo, entusiasmo y esperanzas, para no permitir que Saint Seiya decaiga, y así demostrar que puede vivir y ser incontrolable, impredecible e incorregible, no por el fenómeno de la serie misma, sino por la fuerza de nuestra propia naturaleza: los verdaderos fans.

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