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Hyaku Ryu                                                                                                                                         por: Lady Dragon

 

Es muy probable que entiendan cuando les digo que la música de Saint Seiya es sencillamente inspiradora. Tanta musicalidad y arreglos sinfónicos, a veces acompañados por voces, otras no, brindan tanta emoción a nuestras escenas favoritas que prácticamente uno queda en el borde de la silla, preso y atraído irremediablemente al drama que ocurre en pantalla. 

Seiji Yokoyama, el compositor y cerebro detrás de las bandas sonoras de la serie, es un hombre más bien sencillo, como todo japonés y artista, por demás. Cabe destacar que, según la opinión de quien esto escribe, el OST de la OVA “paralela” de Asgard (la de Dolbare), es uno de los más épicos que haya escuchado, por lo que califico al señor Yokoyama como un verdadero genio. Fuente de inspiración para cualquiera, sin lugar a dudas. 

Saco a colación este tema para hacer hincapié en específico es a la carga emocional que tiene la música en cualquier cosa que veamos. En las series, películas y novelas, la música incidental imprime un cierto sentido de drama o hasta jocosidad en la situación desarrollada, dándole al espectador el turno de interactuar más con la trama de lo que observa, haciéndole sentir lo que los actores quieren expresar. 

Porque, ¿quién no se ha sentido tan compenetrado con la serie o película que mira que termina diciendo, “¡qué buena estuvo!”? 

Mucho, muchísimo de este crédito se lo lleva la banda sonora. 

Enfocándonos en lo que nos atañe, esta serie que muchos catalogan como de culto, mientras que yo la catalogo como un estilo de vida y una religión (sin ánimos de lanzar pedradas a los que adoran a los Dioses paganos, jaja), Saint Seiya se ha encargado de producirnos tantas emociones juntas que podríamos ver, una y otra vez, miles de veces, las mismas escenas y experimentar siempre lo mismo, la misma impresión. 

Saint Seiya tiene actualmente ocho bandas sonoras oficiales, de las cuales podría hablar extensamente y por más de una semana, pero me remito a pocas canciones, que señalaron algunas escenas como inolvidables. 

La canción Pope Ares, la cual nos da un vínculo de instrumentos de viento con percusión suave, lo que hace dar impresión de misterio, descaro y mucha pero mucha maldad. ¿Qué espectador no apretó los dientes e insultó al Patriarca malvado cuando ordenaba a sus Santos Dorados el acabar con esos cinco adolescentes con tanto brío y crueldad? Bueno, yo no lo insulté porque me fascina el personaje, jaja, pero por ahí va la impresión de la música relacionada con el personaje. 

 

¿Quién no recuerda la melodía dulce de cuerdas que tocaba el Guerrero Divino de Benetnash, atrayendo a un Santo de Andrómeda a una de las batallas más difíciles de su vida? Claro está que no hablo de lo que ocurrió a continuación, sino de la música que sale del arpa de Mime. Tan hermosa, que hizo que Shun bajase la guardia. En este mismo renglón pondría las agraciadas ejecuciones líricas de Abel y del mismo Orfeo de Lira. Es la misma canción, Abel’s Theme, de hecho. 

“La canción del Cosmo”, como la llamo yo por facilidad, es la genial Illusion of 12 Temples. Es de esperar, que las percusiones sutiles y levemente metálicas le causen a uno esa sensación de misticismo, de misterio, que todos los Santos hacen referencia cuando hablan de su energía vital. 

También está la siempre recordada Far Reaching Five Old Peaks, con elementos orientales, de cuerdas e instrumentos de viento que emplazan al espectador a sentirse verdaderamente en China, mientras vemos a Shiryu escuchar obedientemente las enseñanzas impartidas por un sabio y venerable Dohko de Libra. 

Luego está la canción registrada como una de las impresionantes, y una de mis favoritas, Polaris Hilda. Esta pieza trae en primera instancia una conjunción sinfónica de cuerdas tan sentida que me yo diría que define en cinco minutos la tristeza y la dualidad, la tragedia y todo el dolor contenido en toda la saga de Asgard. 

No es extraño, pues, que uno no sienta debajo de la piel esa majestuosidad con la que Julian Solo alza su tridente mientras Poseidón despierta plenamente de su ensueño. Deukalion’s Big Floods, tiene elementos de cuerdas y una musicalidad única, llevándonos directamente al corazón de la Atlántida como si de una canción tocada por sirenas se tratase. 

También está la misteriosa Dead End Symphony, la cual causa impresión de tranquilidad pero a la vez un estado de alerta e incertidumbre por la carta que podría sacar bajo la manga ese General Marino llamado Sorrento de Sirena. 

¿Y a fin de cuentas, quién no se ha enternecido al ver a una Athena visiblemente conmovida por la protección brindada por un herido e inconsciente Santo de Pegaso a una caída que a todas luces parecía mortal? Lullaby, uno de los temas de Saori, lleva al espectador a sonreír como tonto al ver a esa muchacha corriendo desesperada para acunar entre sus brazos a un Seiya que aceptó voluntariamente todas las heridas infligidas a su cuerpo, con tal de que su Diosa no recibiese daño alguno. La versión es cantada, la que se escucha en esta escena en particular, pero la canción se repite pocas veces en la serie, siempre en momentos donde Seiya y Saori interactúan a solas. 

La música instrumental de Saint Seiya es, por excelencia, una de las mejores en el mundo de la animación japonesa. Se destacan más canciones, pero por falta de espacio tendré que dejarlas en una rápida lista: Elyssium, Under the Wood of the 'World Tree', Hymn of Light, Athena’s Love, Asgard's Brothers and Sisters y Gold Cloth, Descent, por nombrar algunas piezas impresionantes en su musicalidad. 

Yo cargo mi iPod con una selección especial de estas bandas sonoras, las cuales me acompañan durante mi rutina diaria, en el trabajo, en la calle, manteniendo mi espíritu con sus acordes y acústica, siempre vivo y de buen humor.

¿Luego me preguntan de dónde saco tanta inspiración? Jajaja, bueno, ya lo saben. 

LD~

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