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Salvando a Los Caballeros del Zodíaco O Vicisitudes de un Fan de Saint Seiya Existe un drama con el
cual vivimos los fans de Saint Seiya en América Latina y es la poca
cantidad de material original que de pronto podemos conseguir directo de
Japón de Caballeros del Zodíaco. En realidad, no sé si sea también
parte de ser fan de ésta serie lo que hace, a veces, tan emocionante el
conseguir material original y envidiar lo que otros tienen, aunque
claro, como un comercial de un importante almacén de ventas en México
dice en una frase de ventas: “La envidia es un bello sentimiento
siempre y cuando sea yo quien la cause” por lo que a veces nos
lanzamos algunos a buscar material que, sabemos, a otros les encantaría
tener. Curiosamente, viviendo
en México (ergo, en América Latina) a veces conseguir esta clase de
material es harto difícil, no sólo por el poco material que se nos
hace llegar, sino por el dinero que uno puede llegar a gastar en esta
clase de artículos. Claro, hay material extraordinario que parece que
llega más fácilmente pues son cosas que los vendedores saben que podrán
vender tan pronto como les llega a sus stands como los famosos Myth
Cloths u otras colecciones de juguetes que se han producido: una
re-edición de los muñecos de Bandai que todos quisimos (y algunos
tuvimos) en su momento de mayor efervescencia hasta que se les aflojaron
las articulaciones y ya no se podían sostener en pie a pesar de que
fuera el personaje con mayor cosmos de todo el universo, y bueno, ni
hablar de todo el material gráfico que alguna vez salió de Saint
Seiya, comenzando desde los juegos de peleas en tarjetas de Asgard hasta
las imágenes de la serie que regalaba Gamesa en sus productos mostrándonos
a nuestros héroes en diversos momentos memorables de la serie. Claro, a falta muchas
veces del material original la industria nacional “pirata” (o como
les digo yo irónicamente “Productos de Calidad”) se dedican a
saciar la voraz sed de los fans de la serie y de los personajes con
diversos productos: Desde llaveritos y colguijes de plomo bañados en
pintura dorada hasta las publicaciones de mangas fotocopiados con
doblajes de los fans en ediciones nada sofisticadas pero que, aún así,
se venden, para poder leer las últimas aventuras de los Santos de
Athena. También existen las múltiples publicaciones de revistas
especializadas en Animación y Manga donde se atreven a ponerles estadísticas
“seudo-oficiales” a personajes que, oficialmente, no los tienen,
comenzando con eso una suerte de fanon que, gracias al Internet, se va
haciendo cada vez más fuerte hasta que llega algo que contradice la
creencia folklórica, un ejemplo: la edad de Orfeo de la Lira, al cual
se le atribuía en el pasado ser el personaje mitológico hasta que el
material nos reveló que no era así. A ésta larga elegía que he hecho sobre la carencia de productos originales, sí tengo que añadir que nuestra escasez tampoco es tan grande, pues en algunos países se han logrado algunas licencias de productos que nos han hecho muy felices y que van más allá de los juguetes: DVDs que en México nos presenta un producto limitado y caro, pero oficial, como la serie de Saint Seiya que va, en éste momento, en la Saga del Santuario de Hades, el manga completo de Saint Seiya publicado por Vid Editorial en México y por otras editoriales en España (quizá la versión en español del quintaesencial manga de Kurumada más celebrada en América Latina) hasta su versión en inglés, de la historia en animación y manga por ADV Films (por cierto, inconclusa) y Viz Comics, hasta el juego de tarjetas al más puro estilo Yu Gi Oh lanzado hace unos años igualmente. El manga del Episodio G publicado en Argentina por IVREA, el cual publica actualmente también el manga original de Caballeros del Zodíaco y posibles de conseguir en varias tiendas (hasta un cierto volumen) en México.
Y Brasil, el gigante país
sudamericano es un caso en sí mismo, pues es quizá el mayor consumidor
de productos de “Caballeros del Zodíaco” en todo el continente y
que, por lo mismo, ha contado con una industria editorial que ha hecho
hasta lo imposible por llenar ese nicho de mercado al cual,
aparentemente, respetan mucho, tanto, que hasta hace poco se lanzó en
varios cines de aquella nación, la última película de Saint Seiya:
Tenkai Hen Overture en un evento cinematográfico que en otros lugares
les envidiaríamos. Igualmente nuestros amigos de aquel país tienen la
grande fortuna de contar con material gráfico muy bien editado y
tratado con respeto para su consumo. Y ahí es donde comienza la envidia
de la que hablaba yo más atrás, pues en México no contamos con la
fortuna de una edición al español del controversial libro: “Saint
Seiya Taizen Enciclopedia”, publicada en Japón a comienzos de la década
y que aporta los datos que ya conocemos todos pero con la fortuna de ser
de una fuente netamente oficial. Allá ha sido la editorial Loja Conrad
la encargada de editar los mangas de Saint Seiya: Actualmente publican
el Episodio G y están por iniciar la publicación de “Lost Canvas”.
Hace un par de años, ellos igualmente habrían editado el libro Taizen
que mencioné, así como la novela “Gigantomachia”, un par de
publicaciones que he deseado tener y que, estando en portugués, me
parecía más fácil de comprender que el Taizen en japonés que también
tengo. Sin ganas de intentar traerlo desde tan lejos, busqué
incansablemente en México una forma de poder conseguir dichas
publicaciones, quizá porque algún caritativo vendedor de objetos de
colección que se aparecen en las convenciones hubiera tenido el tino de
traer hasta nuestro país y listo para pagar lo que fuera por éstas
pero... ¡nada! Jamás logré que nadie me dijera que me ayudaría a
cumplir mi último capricho, por lo que decidí hacer lo que cualquier
otro haría: Comprar por Internet directamente de la editorial Brasileña,
con todo y mi desconfianza de utilizar éste método, no tanto en la
compra, sino en el correo de México para la obtención de los
productos. ¿Cuál habría sido mi desencanto al ingresar a la página brasileña para darme cuenta que no tenían la opción de comprar desde otros países? Lleno de frustración opté por mandar una airada queja al departamento de ventas de la editorial carioca para hacerles ver mi punto de vista sobre lo malo que me había resultado descubrir esta contrariedad para mis planes. Para mi sorpresa, un par de días después recibí un correo de parte de la señorita Anahí de dicha editorial ofreciendo una disculpa y poniéndose a mis órdenes para realizar la compra de los productos que me interesaba obtener de parte de su editorial.
Ahora, una cosa es que
yo comprenda la mayor parte del portugués escuchándolo o leyéndolo,
pero absolutamente soy incapaz de escribirlo por lo que el intercambio
de misivas que realizamos fue todo en inglés, un idioma que,
afortunadamente y sin falsas modestias, domino con facilidad y que ella
no... Por momentos incluso pensé en escribir en español con tal de
facilitarle la lectura, y sobre todo, las respuestas a mí. Bien, sin ánimos
de querer hacerles el cuento largo, esto comenzó a últimos días de
noviembre del 2006, y mis deseos eran regalarme dichos libros de Navidad
y Año Nuevo, pero, poco a poco, ése horrible obstáculo que había
hecho quejarme, asomó sus colmillos y entorpeció la negociación de
los libros y su compra durante bastante tiempo: Ella me advirtió que
los libros no estaban ni en español ni en inglés, algo que fue muy
atento de su parte, y bueno... finalmente llegamos al punto que quería
escuchar: Podía comprar siempre y cuando pudiera utilizar una tarjeta
Visa o Master Card... Le mandé el número de mi tarjeta y... no pasó.
Le mandé los números de las de mi esposa: No pasaron. Así que
recurrimos a la American Express y, afortunadamente sí pasó pero... Anahí entonces iba a tomar sus vacaciones y no podría llevar a cabo la venta sino hasta tres semanas después, pues estaría ausente todo ése tiempo. Para entonces ya estábamos a finales de diciembre del 2006 en donde ella perdió al menos en un par de ocasiones mi dirección física y se enteró que hay un país llamado México cuya capital lleva su mismo nombre... jajaja. Finalmente, cuando regresó, pudimos concretar el intercambio y logré comprar los libros que, por cierto, me salieron más baratos que el envío. En fin, afortunadamente la página de correos brasileño me daba un seguimiento fiel acerca del paradero de mi paquete y todo iba maravillosamente, ya para comienzos de febrero, cuando el servicio postal carioca me señaló que mis libros ¡estaban en México!
OK, ahora quiero aclarar que la dirección física que di para que los libros fueran entregados en México no fue mi casa sino aquel sitio donde yo tenía la garantía que no habría problemas para la entrega de los libros (y su recepción): La oficina donde labora mi esposa ubicada en una de las avenidas más importantes de mi ciudad. Bien, pues los libros llegaron en febrero y para mi frustración y preocupación, que controlé maravillosamente las dos primeras semanas antes de tener los libros entre mis manos, comenzaron a hacerse evidente para la tercera semana del mes. ¿Qué podía haber pasado? ¡Las oficinas de correos correspondientes no me respondían y no me daban razón de mi paquete! ¿Qué podía pasar? Pues nada, luego de un mes exacto, logré obtener razón de ellos: Los libros estaban a punto de ser devueltos a Brasil porque alguien había señalado que la oficina de mi esposa no estaba más en el domicilio que había dicho, así que...
Molesto, enojado por el
pago que se había ya hecho de los libros y con la posibilidad de verlos
regresar a Brasil y tenerlos que mandar a traer de vuelta con su
consecuente pago de 50 dólares comencé a hacer llamadas telefónicas
para saber a dónde podía ir para saber con exactitud quién demonios
había autorizado el cambio de domicilio y saber si había forma de
obtener mis libros de vuelta en México antes con un pago del propio
Correo Mexicano ante tal error no autorizado por nadie. Me lancé a la
oficina de Mexpost ubicado al norte de la ciudad, reconociendo viejos
barrios por los que no pasaba hacía muchos años, puesto que pasé
incluso por la vieja universidad a la que asistí para estudiar economía
hace un tiempo ya... Luego de caminar me encontré con la novedad de que
Correos no iba a hacerse cargo del pago de los libros puesto que no había
sido culpa de ellos, si hasta me presentaron al mensajero suplente de la
zona de la oficina de mi esposa, pues el nominal se había ido recién
de vacaciones... por cierto, la zona era un desastre con acordes en
radio de la estación de salsa KeBuena, jaja. Intentando rescatar mis
libros aún favorablemente para mí, por lo que me invitaron a ir a otro
de los edificios del complejo, al tercer piso llamado
“Aclaratorias”. Decidí ir a exponer mi caso, y me debatía si ser
amable o mostrar mi cara más molesta por las contrariedades a las que
yo estaba pasando... Afortunadamente el tono que utilicé fue el mismo
que me impusieron ahí, pues me encontré para mi gran fortuna, con
gente que estaba dispuesta a ayudarme, incluso, localizando mi material
y diciéndome que se encontraba, casi, a punto de subir al avión que
los mandaría de vuelta a Brasil en el aeropuerto de la Ciudad de México. Me aclararon que, de acuerdo a procedimientos, no se entrega material en la aduana del Aeropuerto, pero yo de cualquier manera me ofrecí. La persona que me atendió me dijo que siendo así me buscaría un pase especial y contactó a la persona que me podía ayudar, misma que se negó a recibirme por no estar en el manual. Molesto diciendo que “el cliente estaba ahí y que se le debía dar el mejor servicio posible” pidió airadamente hablar con el jefe de aquel personaje oscuro, siendo nada más y nada menos que el gerente de la Aduana, mismo que, me di cuenta, de forma renuente accedió a que fuera.
Salí muy agradecido con
el amable personaje, el cual me proporcionó su teléfono directo para
que le llamara para informarle de todos los pormenores de mi odisea que,
apenas comenzaba, y diciéndome que me ayudaría de otras formas de
serle posible, aunque su secretaria me realizó un croquis para ayudar
(mismo que no se le entendía nada, jajaja) pero la intención es lo que
cuenta. Partí de aquel lugar sabiendo que me tardaría un buen rato en llegar al Aeropuerto estando en otro sitio de la ciudad. Mientras llamaba por teléfono para preguntar la mejor ruta para irme al aeropuerto desde la avenida donde estaba en el bus, una amable mujer me interrumpió diciéndome que había un trolebús (camión eléctrico) que me podía llevar ahí, si me bajaba ahí mismo y me iba en contraflujo. Apurado hice caso y caminé al siguiente parabús donde confirmé la información con un anciano que esperaba su transporte (el cual es gratuito para la gente de la tercera edad en mi Ciudad). Él me dio tiempos estimados y me dijo que tenía mucho tiempo para llegar antes de la hora a la que yo pretendía llegar, me dijo cuáles eran los autobuses más rápidos y demás... en fin, finalmente decidí tomar el trolebús y me senté, cuál no fue mi sorpresa que el hombre decidió sentarse conmigo para seguirme informando como llegar de la mejor manera a donde iba, pero como comenzó a confundirse, otro señor que iba con su familia en el asiento de en frente decidió echarle (y echarme) una mano, dándome la ruta óptima y haciéndome comprender en pocas palabras lo que el señor grande no había logrado con muchas, pero se armó ahí una conversación que en un momento dado, toda la sección del trolebús en la que me ubicaba era una animada charla sobre política y demás, hasta que mis compañeros se bajaron uno a uno y quedé yo sólo para llegar a mi sitio de destino: el aeropuerto. El señor del trolebús incluso fue tan amable que me dejó bajar por adelante y casi poniéndome en el metro que debía tomar para llegar al aeropuerto.
¡La verdad es que todo
mundo había sido hasta ahora muy amable! Y ya me encontraba de muy buen
humor. Finalmente, al salir de la estación de Metro, pregunté sobre el
transporte interno en el complejo del Aeropuerto, preguntándole a un
oficial de vigilancia si me podía indicar donde podía tomarle. ¡Para
mi sorpresa el oficial me
dejó hasta el autobús! Jajaja. Finalmente llegué a la Aduana donde me
recibió el gerente luego de hacerme esperar un buen rato... ¡ya me dolían
las piernas de tanto caminar! Y bueno, su mal humor cedió luego de que,
tras recibir mi libro, yo le dijera que me encontraba muy agradecido por
la forma en como me habían tratado, y que si siempre uno se queja también
era importante hacer un reconocimiento, por lo que pregunté si podía
yo encaminar un escrito de agradecimiento donde pudiera señalar la
actitud de ayuda y servicio de la que había sido objeto. Esto animó al
gerente que me pasó una hoja donde escribir, pidiéndome santo y seña
personales para que, de ser necesario, se pudiera corroborar mi
identidad cuando esta carta llegara al jefe regional de zona, y me
dijeron que básicamente habían quitado a los libros de la fila final
para abordar el avión de vuelta a Brasil. ¿Se imaginan? Fue un
reencuentro de esos de final de película, jajaja. Cuando salí del lugar, pregunté qué transporte me podía llevar de vuelta, y para cerrar un día feliz, me mandaron en el transporte de los empleados, donde me tocó abordar con puras damas, mismas que me fueron haciendo bromas hasta terminar gritándome piropos (a los que correspondí jocosamente) ante las sonrisas de los transeúntes que me vieron bajar entre vítores en el metro.
Finalmente llegué a mi
casa y bueno, no he leído los libros, jajaja, sólo los he hojeado
brevemente, pero sin mucho tiempo de verles. Bien, me tomé la
libertad de tomar mi columna para compartir con ustedes una vivencia
anecdótica, la cual no detallé muchísimo, sobre un buen día que vino
luego de un mal día... ¡Ah! Sólo como conclusión, luego de tener el
paquete pude averiguar que el correo desde el comienzo habría dado bien
el servicio, sólo que se habría equivocado de oficina donde está mi
esposa, pues sus (nuevos) vecinos se pusieron erróneamente el mismo número
de despacho y mandaron el paquete de vuelta sin reconocer que ellos no
eran la empresa de mi esposa lejos de encaminarlos a la oficina de al
lado... (¡Está de más decir que mi esposa ya reclamó y que hoy la
puerta de su oficina ostenta un improvisado papel con el número y
dirección del sitio en donde ella se encuentra!) Sí, hay muchas cosas que hacemos por ser fans... ¿Ustedes han pasado algunas situaciones similares en aras de su pasión? ¡Sería muy bueno que me lo contaran!
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