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La Saga de Asgard parte
3
¡Lucha
en los Hielos Eternos!

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5. Delta:
¡Seiya, Hyoga y Shiryu vs. Alberich!
Seiya
logra recuperarse de sus heridas con un sentimiento de urgencia por el
bienestar de Saori. Con grandes esfuerzos logra salir del acantilado
donde se encontraba y dirige sus pasos hacia Valhalla. En el Palacio,
Hilda maldice el éxito de los Santos de Bronce los cuáles han ido
superando, uno a uno, los obstáculos que se les han ido interponiendo
logrando la obtención de 3 Zafiros de Odín. Desesperada reprocha a
Sigfried el cual ofrece salir cuando Alberich, Dios Guerrero de Delta le
pide a la Valkyria que confíe en él para cumplir la misión que sus
colegas Guerreros Divinos no han logrado, emitiendo un franco cosmos
agresivo en contra de Sigfried y Syd. Hilda sonríe, sabe que Alberich
es inteligente e inescrupuloso en el empeño de la obtención de lo que
desea, por lo que accede a la petición del pelirrojo. El Dios Guerrer
de Megrez sale del Palacio acariciando la idea de derrotar a los Santos
de Athena, pues sus objetivos van más allá del simple cumplimiento de
las órdenes de la Representante de Odín en La Tierra. Ambiciona
hacerse del poder de la Espada de Balmung y así matar a Hilda para
hacerse del control del planeta. Mientras cavila en sus propósitos
percibe la presencia ajena de un extraño que se aproxima a Valhalla y
que se encuentra en las cercanías de los Bosques que rodean al Palacio.
Alberich
logra detener al extraño que cubre su identidad, el cual se revela como
un Santo Femenino de Athena: Marin, Amazona del Águila de Plata ha
arribado con una misión importante de inteligencia que cumplir para
ayudar a Seiya y los demás en la obtención de la victoria. Megrez
inicia la pelea subestimando el poder de una mujer guerrera, pero pronto
se da cuenta que el poder de un Santo de Athena no es algo que es
inteligente subestimar, pues ella responde con poderosos ataques que lo
ponen en jaque por instantes; Marin, acostumbrada a combatir con
adversarios honorables no espera que el Dios Guerrero responda arrojando
ácido a sus ojos, y cuando ella es sorprendida ante esto es
atrapada por Megrez utilizando su Escudo Amatista. Esta trampa
encerrará a su prisionero como un insecto en ambar mientras absorbe
poco a poco su energía vital hasta terminar con éste. Poco a poco,
Marin siente como sus fuerzas menguan y desesperada lanza un grito
angustioso al Cosmo de Seiya quien se aproxima y siente que su mentora
se encuentra en grave peligro.
Al
llegar hasta el sitio donde Alberich se encuentra, Seiya observa
indignado que el Dios Guerrero se ha atrevido a lastimar a una mujer,
una conducta que el Santo de Pegaso no puede perdonar. Su furia se
traduce en su Pegasus Ryu Sei Ken y que comienza a hacer mella en
Alberich, el cual lo detiene en seco antes de que el Santo de Bronce
concluya su ataque de forma fatal al revelarle que de terminar con su
vida condenaría a su Maestra a la muerte segura, pues no habría forma
de que ella se pueda liberar del Escudo de Amatista. Seiya duda ante
estas palabras, a pesar de que Marin le pide que siga adelante sin que
este pretexto lo detenga, y le recuerda que su primer deber es para con
el Mundo y con Athena. Para sorpresa del dios de Megrez, Seiya reinicia
su ataque, pero Alberich se recupera pronto de la sorpresa y revela que
su God Robe incluye una poderosa Espada de Fuego, con la cual logra
asestar golpes certeros al Santo de Athena y termina siendo atrapado por
otro ataúd de amatista. Alberich sonríe, pues sabe que su ambición ha
iniciado su camino.
Lentamente,
el guerrero del Cisne encamina sus pasos hacia el Palacio de Valhalla y
se interna en las afueras del bosque en donde Marin y Seiya han estado
combatiendo, hasta que llega al punto de la escena donde sus compañeros
de Orden han sido derrotados, uno tras otro, por el Dios Guerrero de
Delta, asombrado por la capacidad del enemigo, Hyoga inicia su ataque,
dejando de lado las palabras que Alberich usara como método de defensa
ante Seiya. El Cisne de Bronce ataca sin la duda en sus golpes, algo que
pone en desventaja a Alberich, quien físicamente no resulta muy fuerte,
pero aún cuenta con la ayuda de la poderosa Espada de Fuego, la cual
utiliza hiriendo a Hyoga, aunque pronto el aire congelado del Santo de
Athena se muestra como un estorbo para que el arma del taimado Dios
Guerrero surta todo su efecto, por lo que decide utilizar otra de sus
cartas fuertes. Poco a poco, Alberich va internando a Hyoga al Bosque de
los Espíritus, el Cisne de Bronce, por segunda ocasión vuelve a ser
llevado hasta un terreno poco favorable para él, pues ya en medio del
mismo, se da cuenta que el dios de Megrez posee una última y extraña
cosmoenergía que lo hace uno con los espíritus del bosque, el cual se
anima y castigan al Santo de Bronce al punto de parecer un guiñapo en
las manos de un gigante. Cuando todo parece estar a punto de terminar
fatalmente para el Santo del Cisne un oportuno Shiryu lo salva en el
último de los momentos y decide proseguir la pelea que sus compañeros
iniciaran.
Alberich
no permite que éste último acontecimiento lo distraiga del
cumplimiento de su misión: Marin y Seiya han caído en su trampa, Hyoga
está a punto de ser derrotado y ahora el Dragón de Bronce se ha
aparecido, trayéndole hasta sus manos sus 3 Zafiros de Odín, que
sumado al suyo propio lo pondrían en poder de la mayor parte de joyas
necesarias para invocar la Espada de Balmung. Sin embargo, Alberich
está cansándose, por lo que decide utilizar de inmediato su Escudo de
Amatista, técnica que resulta rechazada del todo al chocar contra el
Escudo del Dragón de la Armadura de Shiryu, frustrado, el dios de
Megrez lanza su Unión con la Naturaleza poniendo en terribles aprietos
al Santo de Athena. Alberich sonríe revelando que derrotar al Dragón
que entrenó en la Cascada de Rozán se convertirá, además de una
victoria necesaria para obtener la Espada de Balmung, en una venganza
familiar que culminaría la humillación que uno de sus antepasado
habría sufrido años antes que Dohko habría proporcionado.
La experiencia en el pasado de Dohko enfrentando al
ancestro de Alberich le resulta útil a Shiryu, el cual recibe las
lecciones de parte de su Maestro sobre la forma en cómo contrarrestar
la extraña energía del dios de Megrez. Durante su entrenamiento el
Dragón de Bronce habría aprendido a entrar en un estado de trance
fundiéndose con la naturaleza. La estrategia de Shiryu logra surtir
efecto, pero plantea una disyuntiva: Si el Dragón sale del estado de
trance para atacar con su Dragón Ascendente, los espíritus del bosque
son capaces de reconocerle e iniciar su ataque. Por lo que, en un
momento, la pelea se encuentra en un punto muerto, pues Alberich tampoco
es capaz de utilizar sus dos técnicas al mismo tiempo, lo único que le
impide acabar con el Dragón es el Escudo de su armadura.

Shiryu toma una última determinación y, para
asombro del dios guerrero de Megrez, el Dragón se deshace de su
armadura dejándola de lado. El dios de Delta ríe dándose por
ganador del encuentro, mientras que decide lanzar su técnica de Escudo
Amatista. La técnica no surte efecto, habiendo sido ya vista por Shiryu
en varias ocasiones y elevando su sentidos al máximo logrando vencer a
Alberich con su Dragón Naciente. Cuando se consuma la muerte del
guerrero de Hilda, las amatistas que encerraban a Marin y a Seiya
comienzan a desaparecer. Extenuado, Shiryu les pide a sus compañeros
que sigan adelante al Valhalla, prometiendo unírseles posteriormente.
Antes de partir, la debilitada Marin sólo acierta a advertir a Seiya
que se cuide de Syd de Mizar Zeta sin proporcionar más detalles.
6. Zeta: ¡Shun
vs. Syd!
Mientras
el encuentro del dios de Megrez concluye, Shun ingresa al Palacio del
Valhalla siendo el primer Santo de Athena en alcanzar el objetivo de
atravesar el paisaje helado de Asgard para encontrarse con Hilda.
Mientras el Santo de Bronce de Andrómeda se interna en el Palacio,
hasta él aparece Syd de Mizar, el dios guerrero que anteriormente él
hubiera enfrentado en los bosques de la Mansión Graude en Oriente. El
dios de Mizar piensa que el encuentro está decidido, considerando que
ya conoce las técnicas del jovencito de apariencia frágil que
combatiera en Japón y al cual lograra engañar en un momento dado para
asestarle un golpe que habría resultado mortal de no ser por la
Armadura de Bronce restaurada con la sangre de los Santos de Oro. El
combate inicia y parece que todo saldrá como el dios de Zeta pensaba
que ocurriría cuando son interrumpidos por la llegada de Seiya de
Pegaso y Hyoga del Cisne al Palacio de Valhalla, llevando con ellos nada
menos que 4 Zafiros de Odín, que sumado al que el propio Santo de
Andrómeda lleva daría la totalidad de 5. Seiya trata de tomar control
de la batalla, pero Shun le pide que, por favor, no intervenga en esa
pelea en la que él tiene el compromiso de salir victorioso al haber,
todos, obtenido un Zafiro al menos. Renuentes, Hyoga y Seiya acceden a
la petición del joven, el cual cubre su partida cada vez más al
interior del Palacio, ignorantes que una sombra los observa y ha
decidido que no llegarán muy lejos.
 En
otro lugar, Marin sigue recuperándose, cuando es auxiliada por la
llegada de otra Amazona de Plata que ha llegado hasta Asgard buscando
ayudar a Seiya y los demás en la crisis en el Norte de Europa: Shaina
de Ofiuco está aquí y se preocupa al encontrar al Águila de Plata en
un terrible estado. Marin le relata a la mujer que habría ido hasta
ahí para advertir a Seiya de un secreto que Syd de Mizar Zeta guardaba
y con el cual habría logrado vencer con facilidad a Aldebarán de
Tauro, cuando Shaina escucha la revelación de la Amazona decide no
perder el tiempo y, aunque preocupada por el bienestar de su compañera,
sabe que la información que lleva puede resultar de vida o muerte en un
combate, por lo que sale a toda prisa hacia el Valhalla, a donde Seiya y
los demás Santos de Bronce ya deben de estar librando nuevas batallas
contra los Dioses Guerreros.

Mientras
tanto en Valhalla, Shun descubre que la técnica de Syd: Viking Tiger
Claw es una sumamente poderosa y difícil de evadir aún con el poder de
las magníficas Cadenas de Andrómeda. Shun, demostrando un coraje y un
valor que sorprenden al Guerrero Divino se levanta una y otra vez
dispuesto a cumplir la promesa que hiciera momentos antes a sus amigos
Santos y sigue atacando con furia, provocando que Syd decida utilizar su
máxima técnica contra él para, por fin, terminar con una batalla que
le parece molesta. En otro lado, Hyoga y Seiya se encuentran con un muro
que se interpone en su camino, intentando pasarlo, ellos reciben un
ataque tan grande que ambos Santos quedan sin sentido de inmediato,
mientras que una voz, extrañamente reminiscente de la armadura del dios
guerrero de Zeta parece carcajearse amenazante. Mizar lanza su Impulso
Azul, una técnica de golpe congelante que asemeja al choque de dos
enormes icebergs de los mares del norte de Europa. Shun es alcanzado por
la técnica y vuelve a caer.
Sin
embargo, para asombro del dios de Zeta, Shun vuelve a levantarse, en
esta ocasión, deshaciéndose de su armadura y llevado a su límite para
utilizar su máxima técnica: la Tormenta Nebular. Syd, confiado en su
victoria, y sin sospechar la seriedad de la amenaza que se le ha hecho,
decide contraatacar, a pesar de las súplicas de Andrómeda porque no
continúe y se rinda pacíficamente. Sorprendido por la fuerza que va
adquiriendo la última técnica del Santo de Athena, Syd de Mizar recibe
la furia de la tempestad cósmica con toda su fuerza y cae rendido. Al
mismo tiempo que esto ocurre, una sombra se interpone entre Shun y un
ataque lanzado en su contra: es Shaina la cual está atenta del terrible
secreto que Syd ha guardado todo éste tiempo: La sombra del dios
guerrero de Zeta que está ahí para apoyarle cada vez que está en
peligro. El ataque de la sombra se ejecuta sin piedad, y Shun y Shaina
caen malheridos. La sombra de Syd se aproxima amenazante hasta sus
víctimas a las cuáles está a punto de despachar, cuando una columna
del palacio cae impidiendo que cumpla su objetivo, cuando el humo del
derrumbe se aclara aparece Ikki, El Ave Fénix que ha llegado hasta
aquí para enfrentar a Hilda y salvar al mundo.
7. Zeta: ¡Ikki
vs. Bud!
La
furia de la Sombra de la Garra del Tigre Vikingo es sentida en carne
propia por Ikki, El Ave Inmortal, al ser castigado una y otra vez por el
poder de su rival, el cual, además de fuerte se muestra muy rápido y
lleno de una determinación que raya en la furia. Ikki parece no poder
hacer gran cosa, pero a fuerza de voluntad se levanta inquebrantable
para oponer resistencia, sabiendo que no derrotar a éste enemigo
costará la vida de su hermano y los demás Santos de Bronce que se
encuentran en el Valhalla. Mientras que, en la Sala del Trono, Sigfried
escucha asombrado la revelación que le hace Hilda: Existía un octavo
dios guerrero, uno que era oculto como sombra del Guerrero Divino de
Zeta y que representaba a la estrella de Arkor. Incrédulo de escuchar
estas palabras de la Valkyria, Sigfried reclama el que no se le hubiera
informado de esto anteriormente, pero fríamente, Hilda responde que
"para engañar a los enemigos es preciso engañar también a los
amigos". La dureza de las palabras de la representante de Odín en
La Tierra es algo que Sigfried reprueba calladamente, una actitud que
Hilda adivina y la cual reclama, exigiendo de su Capitán la fidelidad a
la promesa de mantenerse a su lado siempre, bajo cualquier
circunstancia. El Dios Guerrero de Duhbe reafirma su juramento de
lealtad, pero en su mente y en su corazón ya se ha sembrado la
incertidumbre de ver a su otrora dulce soberana convertida en un ser que
manipula para su conveniencia con la mayor frialdad.
Mientras
que Hilda revela a Sigfried la identidad de la sombra de Syd, Ikki lo
descubre al observar el rostro debajo de la máscara de su contrincante:
¡El hermano gemelo de Syd es la Sombra de Zeta! El guerrero entonces
confirma lo que se ha descubierto, él, Bud de Arkor es hermano gemelo
de Syd de Mizar. Acto seguido, narra su trágica historia marcada por
una costumbre asgardiana que se sucedía con los gemelos. La vida de Bud
no fue sencilla, siendo abandonado a su muerte desde que nació,
mientras que Syd habría permanecido en el seno de su familia en medio
de todas las comodidades; el destino habría jugado con ambos hermanos
poniéndoles un día frente a frente. Cuando Bud hubiera descubierto la
verdad detrás de su nacimiento, una rabia intensa se habría
desencadenado sintiendo un odio fúrico contra su hermano gemelo. El
destino se mostraría una vez más caprichoso con los hermanos cuando
Hilda hubiera invocado el despertar de los Dioses Guerreros, de los
cuáles, tanto Syd como Bud habrían sido elegidos para ello, pero, una
vez más, él tendría que permanecer oculto, ni siquiera siendo llamado
"Guerrero Divino" sino una sombra de su hermano, la única
manera de obtener el reconocimiento sería si el dios de Zeta pereciera
y entonces su sombra tomara su lugar.

Pasado
el momento de sorpresa, Ikki escucha el relato y se levanta para
estudiar más a su oponente. El Maestro de las Artes Mentales entonces
descarga su poder contra Bud, al cual le llega a revelar que, aunque él
se empeñara en una furia fraticida contra Syd, él en realidad sabría
en el fondo de su corazón que su hermano no era el responsable de la
tragedia que habría marcado su vida, y que, contrario a sus palabras,
Bud siempre habría ayudado a su hermano, como cuando observó que el
Santo de Andrómeda estaba a punto de vencerlo en combate. El Guerrero
Divino de Arkor niega esto con todas sus fuerzas y reinicia una ráfaga
de ataques que ponen a Ikki al punto de la derrota. A punto de asestar
el golpe final, Shun interviene abogando por su hermano y, aumentando el
dramatismo del momento, el moribundo Syd se levanta para tomar a Ikki
como prisionero en un abrazo suicida, pidiendo a su hermano que lance el
golpe final aunque termine con su vida igualmente.
Ikki
reta a Bud a obedecer las palabras de su hermano, él no piensa
defenderse, pero se pregunta si acaso la sombra de Zeta será capaz de
cumplir cabalmente la petición del moribundo. El dios de Arkor decide
atacar, pero antes de terminar la ejecución de su técnica se detiene.
La muerte de su hermano y su ofrecimiento de sacrificio para pagarle el
daño que jamás le hubiera hecho en su vida han dejado al Dios Guerrero
totalmente hastiado de sangre y combates, dejando un sentimiento de
tristeza y pérdida en su alma. Tomando entre sus brazos a su hermano,
Bud le pide a Ikki que luche por aquel mundo en donde los hermanos no
tengan que ser separados nunca por ninguna circunstancia que el Ave
Fénix le dijera fuera su sueño. El dios guerrero de Arkor desaparece
junto con su hermano para llevarlo a descansar en suelo familiar.
8. Alfa:
¡Santos de Bronce vs. Sigfried!
Hyoga
recupera el sentido brevemente para abrir paso con lo que le resta de su
cosmo a Seiya, al cual le dice que continúe. El Pegaso asiente,
sabiendo que el tiempo pasa y que están a punto de conseguir la
victoria. Hilda ordena a Sigfried que salga al patio del Valhalla para
detener al guerrero de Athena y poder esperar la muerte de la diosa, la
cual se aproxima, pues es capaz de sentir el debilitado cosmo de Saori
el cual va menguando dramáticamente. Un muy fatigado Santo de Bronce de
Pegaso aparece en la escena cuando ve aparecer ante él al imponente
Dios Guerrero de Alfa: Siegfried de Duhbe, del cual, corren los rumores,
aparte de ser el defensor de Odín más fuerte de todos es invencible,
siendo la reencarnación del héroe de la leyenda. Seiya explota su
cosmo con empeño, pero descubre que las leyendas no parecen ser meras
exageraciones, sobre todo cuando es atacado por la Espada de Odín, un
ataque que hace caer a Seiya inconsciente.
Siegfried
observa el cuerpo caído del Pegaso de Bronce pero recibe una ráfaga de
ataques del Santo de Bronce de Fénix, el cual, ha llegado hasta ahí en
compañía de Hyoga y Shun. El combate es intenso, pero Siegfried
aprovecha que, además de poderoso, se enfrenta a unos cansados Santos
de Athena que vienen muy disminuidos de sus batallas con los otros
dioses guerreros. Finalmente, Ikki también cae derrotado ante Duhbe, el
cual, no deja de decir que "el poder de los Santos de Oro no es
nada a su lado". Ni Shun ni Hyoga ofrecen tampoco resistencia,
ambos son vencidos con la Espada de Odín. La esperanza de Athena parece
haber fracasado. Hilda goza su victoria por adelantado, pero de pronto,
se escucha en la Sala de Trono una misteriosa música de flauta, la cual
es emitida por un extraño el cual le recuerda que si ha podido lograr
lo que ha hecho es gracias a la ayuda de "su Señor", aquel
que le diera el Anillo de los Nibelungos, y que lo mejor será
permanecer alertas hasta el resultado final del drama.
Afuera,
Shiryu ha alcanzado a llegar al patio del Valhalla para reunirse con sus
amigos y cumplir su promesa. Ha llegado sin armadura y para su sorpresa
encuentra a sus compañeros caídos en combate contra el Guerrero Divino
de Duhbe. Lejos de rendirse, el Dragón de Bronce saca la casta y se
lanza al ataque de su enemigo, el cual se muestra como un adversario
formidable. La fortaleza de éste queda de manifiesto cuando el cuerpo
desprotegido de Shiryu es herido en gran magnitud al recibir el castigo
de La Espada de Odín. Al resultar herido, Shiryu cae en la
desesperación de tener que utilizar la técnica que utilizara contra
Shura de Capricornio: El Último Dragón. Siegfried conoce las
consecuencias de la ejecución de aquella técnica, siendo otro
Caballero del Dragón, pero toma por cobardía un momento de duda de
Shiryu, el cual no la realiza por temor a destruir el séptimo Zafiro de
Odín necesario para salvar a Athena y al mundo. Molesto, el Guerrero
Divino de Alfa decide utilizar su Dragon Bravest Blizzard, una variante
del Rozan Sho Ryu Ha de el Santo de Athena. El poder de los puños de
Siegfried es devastador, Shiryu cae sangrando ante la preocupación de
sus compañeros. Pero al haber recibido de lleno el poder de su rival,
el Dragón de Bronce ahora ha descubierto cómo puede derrotar al,
aparentemente, invencible Guerrero Divino.
Atónito,
Siegfried observa como Shiryu se levanta y le increpa a que ejecute una
vez más su técnica del Dragón, advirtiéndole que de hacerlo se
condenará a la derrota, puesto que ha descubierto su punto débil. Alfa
ríe ante la temeridad del joven, aunque en su corazón admira a los
guerreros de Athena, y deseando haberlos conocidos en otras
circunstancias. Seiya observa el encuentro con atención, pues es el
propio Shiryu el que le dice que, así como alguna vez Seiya descubriera
que al ejecutar su técnica del Rozan Sho Ryu Ha su corazón quedaba
expuesto haciéndolo susceptible a un ataque, Siegfried lo es
igualmente. Ambos hombres descargan sus golpes, llevándose Shiryu el
peor golpe al encontrarse sin armadura. El Dragón de Bronce resiste
unos momentos más de pie, diciendo que ha ganado contrario a lo que
Siegfried piensa, pues ahora ha mostrado el camino que Seiya tiene que
seguir para vencerle, y que confía en él para que salve a Athena y al
mundo. Duhbe no puede creer la capacidad de sacrificio y entrega que
estos niños de Oriente parecen poseer, en su mente, además de la
admiración ahora comienza a surgir el temor, pues ha comenzado a creer
en la capacidad de los guerreros de Athena de producir milagros.

Inspirado por la valentía del Dragón, Seiya se
levanta para seguir la lucha. El Pegaso intenta una y otra vez, sin
conseguir derrotar al legendario Guerrero Divino. El combate entre estos
dos no está exento de sorpresas, primero al llegar Shaina e
interponerse entre ambos hombres durante el fragor de la lucha, pero es
mayor aún cuando Hilda interrumpe la escena para reclamar a Siegfried
el que no haya terminado con sus pobres adversarios teniendo el poder de
haberlo hecho hacía ya mucho tiempo. Para su mayor sorpresa, junto a
Hilda aparece un extraño enfundado en una armadura parecida a la de los
Santos Dorados que lleva una flauta en la mano, revelando ser Sorrento
de Sirena, uno de los 7 Generales Marinas de Poseidón, dios de los
Mares, el cual habría conquistado Asgard desde tiempos antiguos y
sometiendo a la nación y su dios, Odín. Sin comprender el porqué de
la presencia de aquel hombre ahí, Siegfried escucha la revelación de
propios labios del sirviente de Poseidón que habría sido el dios de
los Mares el que puso el Anillo de los Nibelungos en manos de Hilda para
poder derrotar a Athena y sus Santos, y así, hacerse del control de La
Tierra. Siegfried no puede creer lo que ha escuchado, ahora entiende lo
inútil de las peleas y las muertes de sus compañeros. Sorrento se
dispone a acabar con Seiya, el cual escucha a todo esto tan sorprendido
como Siegfried, cuando el Dios Guerrero de Duhbe se vuelve hacia Seiya y
hace un gesto amenazante. Hilda y Sorrento piensan que el dios de Alfa
desea concluir con su misión cuando, para su sorpresa, arranca el
Zafiro de Odín de su armadura hiriéndose en el proceso y ofreciéndola
a Seiya.

El Héroe Legendario observa a Hilda con profundo
cariño y le pide a ella que vuelva a ser la de antes con la ayuda de
Athena y sus Santos, mientras que él se lanza en un ataque suicida
contra Sorrento de Sirena, quien sorprendido ante estos acontecimientos,
es elevado al cielo mientras que Siegfried Duhbe de Alfa ejecuta el
Último Dragón con el pesar de las muertes de sus amigos y con la
preocupación del bienestar de Asgard y su soberana.
Cuando todo esto pasa, Seiya siente el apremio del
tiempo estando a punto de anochecer. Los demás Santos de Bronce le
urgen a actuar y salvar a Athena. Hilda lo espera desafiante, poseedora
del poder del Anillo de los Nibelungos cree que tiene la victoria
asegurada.

¿Lograrán los Santos de Athena derrotar a la
Princesa Encantada por la Sortija del Mal?
 
Se han narrado en esta sección los capítulos 87 al
97 de la serie animada de Saint Seiya. Estos no tienen ninguna
correspondencia con el manga original escrito por Masami Kurumada. Como
nota adicional, éste mapa de Asgard muestra el sitio donde las
Armaduras de los Guerreros Sagrados surgieron o cayeron desde el Cielo y
fue proporcionado en la caja original de Cygnus vendida en Japón. Éste
mapa no muestra el lugar de las peleas, pues como se puede ver en la
correspondencia de letras griegas el sitio que marca Alfa es alejado de
Valhalla, donde realizó sus combates. Para comprender las letras véase
esta referencia:
| a
- Alfa Duhbe - Siegfried |
| b
- Beta Merak - Hagen |
| g
- Gamma Fecda - Thor |
| d
- Delta Megrez - Alberich |
| e
- Epsilon Alioth - Fenrir |
| z
- Zeta Mizar - Syd |
| h
- Eta Benetnasch - Mime |
Pollux Dioscuros
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