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La Saga de Asgard parte 3

¡Lucha en los Hielos Eternos!

Haz click en la letra del dios guerrero correspondiente para leer su combate en la Guerra Sagrada. Recuerda que sólo están activos en ésta página los relatos correspondientes a los tratados en esta sección. Para encontrar la lucha de Bud de Arkor, haga click en Valhalla, ya que no tiene letra asignada dentro de la constelación.

5. Delta: ¡Seiya, Hyoga y Shiryu vs. Alberich!

Seiya logra recuperarse de sus heridas con un sentimiento de urgencia por el bienestar de Saori. Con grandes esfuerzos logra salir del acantilado donde se encontraba y dirige sus pasos hacia Valhalla. En el Palacio, Hilda maldice el éxito de los Santos de Bronce los cuáles han ido superando, uno a uno, los obstáculos que se les han ido interponiendo logrando la obtención de 3 Zafiros de Odín. Desesperada reprocha a Sigfried el cual ofrece salir cuando Alberich, Dios Guerrero de Delta le pide a la Valkyria que confíe en él para cumplir la misión que sus colegas Guerreros Divinos no han logrado, emitiendo un franco cosmos agresivo en contra de Sigfried y Syd. Hilda sonríe, sabe que Alberich es inteligente e inescrupuloso en el empeño de la obtención de lo que desea, por lo que accede a la petición del pelirrojo. El Dios Guerrer de Megrez sale del Palacio acariciando la idea de derrotar a los Santos de Athena, pues sus objetivos van más allá del simple cumplimiento de las órdenes de la Representante de Odín en La Tierra. Ambiciona hacerse del poder de la Espada de Balmung y así matar a Hilda para hacerse del control del planeta. Mientras cavila en sus propósitos percibe la presencia ajena de un extraño que se aproxima a Valhalla y que se encuentra en las cercanías de los Bosques que rodean al Palacio.

Alberich logra detener al extraño que cubre su identidad, el cual se revela como un Santo Femenino de Athena: Marin, Amazona del Águila de Plata ha arribado con una misión importante de inteligencia que cumplir para ayudar a Seiya y los demás en la obtención de la victoria. Megrez inicia la pelea subestimando el poder de una mujer guerrera, pero pronto se da cuenta que el poder de un Santo de Athena no es algo que es inteligente subestimar, pues ella responde con poderosos ataques que lo ponen en jaque por instantes; Marin, acostumbrada a combatir con adversarios honorables no espera que el Dios Guerrero responda arrojando ácido a sus ojos, y  cuando ella es sorprendida ante esto es atrapada por Megrez utilizando su Escudo Amatista. Esta trampa encerrará a su prisionero como un insecto en ambar mientras absorbe poco a poco su energía vital hasta terminar con éste. Poco a poco, Marin siente como sus fuerzas menguan y desesperada lanza un grito angustioso al Cosmo de Seiya quien se aproxima y siente que su mentora se encuentra en grave peligro.

Al llegar hasta el sitio donde Alberich se encuentra, Seiya observa indignado que el Dios Guerrero se ha atrevido a lastimar a una mujer, una conducta que el Santo de Pegaso no puede perdonar. Su furia se traduce en su Pegasus Ryu Sei Ken y que comienza a hacer mella en Alberich, el cual lo detiene en seco antes de que el Santo de Bronce concluya su ataque de forma fatal al revelarle que de terminar con su vida condenaría a su Maestra a la muerte segura, pues no habría forma de que ella se pueda liberar del Escudo de Amatista. Seiya duda ante estas palabras, a pesar de que Marin le pide que siga adelante sin que este pretexto lo detenga, y le recuerda que su primer deber es para con el Mundo y con Athena. Para sorpresa del dios de Megrez, Seiya reinicia su ataque, pero Alberich se recupera pronto de la sorpresa y revela que su God Robe incluye una poderosa Espada de Fuego, con la cual logra asestar golpes certeros al Santo de Athena y termina siendo atrapado por otro ataúd de amatista. Alberich sonríe, pues sabe que su ambición ha iniciado su camino.

Lentamente, el guerrero del Cisne encamina sus pasos hacia el Palacio de Valhalla y se interna en las afueras del bosque en donde Marin y Seiya han estado combatiendo, hasta que llega al punto de la escena donde sus compañeros de Orden han sido derrotados, uno tras otro, por el Dios Guerrero de Delta, asombrado por la capacidad del enemigo, Hyoga inicia su ataque, dejando de lado las palabras que Alberich usara como método de defensa ante Seiya. El Cisne de Bronce ataca sin la duda en sus golpes, algo que pone en desventaja a Alberich, quien físicamente no resulta muy fuerte, pero aún cuenta con la ayuda de la poderosa Espada de Fuego, la cual utiliza hiriendo a Hyoga, aunque pronto el aire congelado del Santo de Athena se muestra como un estorbo para que el arma del taimado Dios Guerrero surta todo su efecto, por lo que decide utilizar otra de sus cartas fuertes. Poco a poco, Alberich va internando a Hyoga al Bosque de los Espíritus, el Cisne de Bronce, por segunda ocasión vuelve a ser llevado hasta un terreno poco favorable para él, pues ya en medio del mismo, se da cuenta que el dios de Megrez posee una última y extraña cosmoenergía que lo hace uno con los espíritus del bosque, el cual se anima y castigan al Santo de Bronce al punto de parecer un guiñapo en las manos de un gigante. Cuando todo parece estar a punto de terminar fatalmente para el Santo del Cisne un oportuno Shiryu lo salva en el último de los momentos y decide proseguir la pelea que sus compañeros iniciaran.

Alberich no permite que éste último acontecimiento lo distraiga del cumplimiento de su misión: Marin y Seiya han caído en su trampa, Hyoga está a punto de ser derrotado y ahora el Dragón de Bronce se ha aparecido, trayéndole hasta sus manos sus 3 Zafiros de Odín, que sumado al suyo propio lo pondrían en poder de la mayor parte de joyas necesarias para invocar la Espada de Balmung. Sin embargo, Alberich está cansándose, por lo que decide utilizar de inmediato su Escudo de Amatista, técnica que resulta rechazada del todo al chocar contra el Escudo del Dragón de la Armadura de Shiryu, frustrado, el dios de Megrez lanza su Unión con la Naturaleza poniendo en terribles aprietos al Santo de Athena. Alberich sonríe revelando que derrotar al Dragón que entrenó en la Cascada de Rozán se convertirá, además de una victoria necesaria para obtener la Espada de Balmung, en una venganza familiar que culminaría la humillación que uno de sus antepasado habría sufrido años antes que Dohko habría proporcionado.

La experiencia en el pasado de Dohko enfrentando al ancestro de Alberich le resulta útil a Shiryu, el cual recibe las lecciones de parte de su Maestro sobre la forma en cómo contrarrestar la extraña energía del dios de Megrez. Durante su entrenamiento el Dragón de Bronce habría aprendido a entrar en un estado de trance fundiéndose con la naturaleza. La estrategia de Shiryu logra surtir efecto, pero plantea una disyuntiva: Si el Dragón sale del estado de trance para atacar con su Dragón Ascendente, los espíritus del bosque son capaces de reconocerle e iniciar su ataque. Por lo que, en un momento, la pelea se encuentra en un punto muerto, pues Alberich tampoco es capaz de utilizar sus dos técnicas al mismo tiempo, lo único que le impide acabar con el Dragón es el Escudo de su armadura. 

Shiryu toma una última determinación y, para asombro del dios guerrero de Megrez, el Dragón se deshace de su armadura dejándola de lado. El dios de Delta ríe dándose por ganador del encuentro, mientras que decide lanzar su técnica de Escudo Amatista. La técnica no surte efecto, habiendo sido ya vista por Shiryu en varias ocasiones y elevando su sentidos al máximo logrando vencer a Alberich con su Dragón Naciente. Cuando se consuma la muerte del guerrero de Hilda, las amatistas que encerraban a Marin y a Seiya comienzan a desaparecer. Extenuado, Shiryu les pide a sus compañeros que sigan adelante al Valhalla, prometiendo unírseles posteriormente. Antes de partir, la debilitada Marin sólo acierta a advertir a Seiya que se cuide de Syd de Mizar Zeta sin proporcionar más detalles.

6. Zeta: ¡Shun vs. Syd!

Mientras el encuentro del dios de Megrez concluye, Shun ingresa al Palacio del Valhalla siendo el primer Santo de Athena en alcanzar el objetivo de atravesar el paisaje helado de Asgard para encontrarse con Hilda. Mientras el Santo de Bronce de Andrómeda se interna en el Palacio, hasta él aparece Syd de Mizar, el dios guerrero que anteriormente él hubiera enfrentado en los bosques de la Mansión Graude en Oriente. El dios de Mizar piensa que el encuentro está decidido, considerando que ya conoce las técnicas del jovencito de apariencia frágil que combatiera en Japón y al cual lograra engañar en un momento dado para asestarle un golpe que habría resultado mortal de no ser por la Armadura de Bronce restaurada con la sangre de los Santos de Oro. El combate inicia y parece que todo saldrá como el dios de Zeta pensaba que ocurriría cuando son interrumpidos por la llegada de Seiya de Pegaso y Hyoga del Cisne al Palacio de Valhalla, llevando con ellos nada menos que 4 Zafiros de Odín, que sumado al que el propio Santo de Andrómeda lleva daría la totalidad de 5. Seiya trata de tomar control de la batalla, pero Shun le pide que, por favor, no intervenga en esa pelea en la que él tiene el compromiso de salir victorioso al haber, todos, obtenido un Zafiro al menos. Renuentes, Hyoga y Seiya acceden a la petición del joven, el cual cubre su partida cada vez más al interior del Palacio, ignorantes que una sombra los observa y ha decidido que no llegarán muy lejos.

En otro lugar, Marin sigue recuperándose, cuando es auxiliada por la llegada de otra Amazona de Plata que ha llegado hasta Asgard buscando ayudar a Seiya y los demás en la crisis en el Norte de Europa: Shaina de Ofiuco está aquí y se preocupa al encontrar al Águila de Plata en un terrible estado. Marin le relata a la mujer que habría ido hasta ahí para advertir a Seiya de un secreto que Syd de Mizar Zeta guardaba y con el cual habría logrado vencer con facilidad a Aldebarán de Tauro, cuando Shaina escucha la revelación de la Amazona decide no perder el tiempo y, aunque preocupada por el bienestar de su compañera, sabe que la información que lleva puede resultar de vida o muerte en un combate, por lo que sale a toda prisa hacia el Valhalla, a donde Seiya y los demás Santos de Bronce ya deben de estar librando nuevas batallas contra los Dioses Guerreros. 

Mientras tanto en Valhalla, Shun descubre que la técnica de Syd: Viking Tiger Claw es una sumamente poderosa y difícil de evadir aún con el poder de las magníficas Cadenas de Andrómeda. Shun, demostrando un coraje y un valor que sorprenden al Guerrero Divino se levanta una y otra vez dispuesto a cumplir la promesa que hiciera momentos antes a sus amigos Santos y sigue atacando con furia, provocando que Syd decida utilizar su máxima técnica contra él para, por fin, terminar con una batalla que le parece molesta. En otro lado, Hyoga y Seiya se encuentran con un muro que se interpone en su camino, intentando pasarlo, ellos reciben un ataque tan grande que ambos Santos quedan sin sentido de inmediato, mientras que una voz, extrañamente reminiscente de la armadura del dios guerrero de Zeta parece carcajearse amenazante. Mizar lanza su Impulso Azul, una técnica de golpe congelante que asemeja al choque de dos enormes icebergs de los mares del norte de Europa. Shun es alcanzado por la técnica y vuelve a caer.

Sin embargo, para asombro del dios de Zeta, Shun vuelve a levantarse, en esta ocasión, deshaciéndose de su armadura y llevado a su límite para utilizar su máxima técnica: la Tormenta Nebular. Syd, confiado en su victoria, y sin sospechar la seriedad de la amenaza que se le ha hecho, decide contraatacar, a pesar de las súplicas de Andrómeda porque no continúe y se rinda pacíficamente. Sorprendido por la fuerza que va adquiriendo la última técnica del Santo de Athena, Syd de Mizar recibe la furia de la tempestad cósmica con toda su fuerza y cae rendido. Al mismo tiempo que esto ocurre, una sombra se interpone entre Shun y un ataque lanzado en su contra: es Shaina la cual está atenta del terrible secreto que Syd ha guardado todo éste tiempo: La sombra del dios guerrero de Zeta que está ahí para apoyarle cada vez que está en peligro. El ataque de la sombra se ejecuta sin piedad, y Shun y Shaina caen malheridos. La sombra de Syd se aproxima amenazante hasta sus víctimas a las cuáles está a punto de despachar, cuando una columna del palacio cae impidiendo que cumpla su objetivo, cuando el humo del derrumbe se aclara aparece Ikki, El Ave Fénix que ha llegado hasta aquí para enfrentar a Hilda y salvar al mundo.

7. Zeta: ¡Ikki vs. Bud!

La furia de la Sombra de la Garra del Tigre Vikingo es sentida en carne propia por Ikki, El Ave Inmortal, al ser castigado una y otra vez por el poder de su rival, el cual, además de fuerte se muestra muy rápido y lleno de una determinación que raya en la furia. Ikki parece no poder hacer gran cosa, pero a fuerza de voluntad se levanta inquebrantable para oponer resistencia, sabiendo que no derrotar a éste enemigo costará la vida de su hermano y los demás Santos de Bronce que se encuentran en el Valhalla. Mientras que, en la Sala del Trono, Sigfried escucha asombrado la revelación que le hace Hilda: Existía un octavo dios guerrero, uno que era oculto como sombra del Guerrero Divino de Zeta y que representaba a la estrella de Arkor. Incrédulo de escuchar estas palabras de la Valkyria, Sigfried reclama el que no se le hubiera informado de esto anteriormente, pero fríamente, Hilda responde que "para engañar a los enemigos es preciso engañar también a los amigos". La dureza de las palabras de la representante de Odín en La Tierra es algo que Sigfried reprueba calladamente, una actitud que Hilda adivina y la cual reclama, exigiendo de su Capitán la fidelidad a la promesa de mantenerse a su lado siempre, bajo cualquier circunstancia. El Dios Guerrero de Duhbe reafirma su juramento de lealtad, pero en su mente y en su corazón ya se ha sembrado la incertidumbre de ver a su otrora dulce soberana convertida en un ser que manipula para su conveniencia con la mayor frialdad.

Mientras que Hilda revela a Sigfried la identidad de la sombra de Syd, Ikki lo descubre al observar el rostro debajo de la máscara de su contrincante: ¡El hermano gemelo de Syd es la Sombra de Zeta! El guerrero entonces confirma lo que se ha descubierto, él, Bud de Arkor es hermano gemelo de Syd de Mizar. Acto seguido, narra su trágica historia marcada por una costumbre asgardiana que se sucedía con los gemelos. La vida de Bud no fue sencilla, siendo abandonado a su muerte desde que nació, mientras que Syd habría permanecido en el seno de su familia en medio de todas las comodidades; el destino habría jugado con ambos hermanos poniéndoles un día frente a frente. Cuando Bud hubiera descubierto la verdad detrás de su nacimiento, una rabia intensa se habría desencadenado sintiendo un odio fúrico contra su hermano gemelo. El destino se mostraría una vez más caprichoso con los hermanos cuando Hilda hubiera invocado el despertar de los Dioses Guerreros, de los cuáles, tanto Syd como Bud habrían sido elegidos para ello, pero, una vez más, él tendría que permanecer oculto, ni siquiera siendo llamado "Guerrero Divino" sino una sombra de su hermano, la única manera de obtener el reconocimiento sería si el dios de Zeta pereciera y entonces su sombra tomara su lugar.

Pasado el momento de sorpresa, Ikki escucha el relato y se levanta para estudiar más a su oponente. El Maestro de las Artes Mentales entonces descarga su poder contra Bud, al cual le llega a revelar que, aunque él se empeñara en una furia fraticida contra Syd, él en realidad sabría en el fondo de su corazón que su hermano no era el responsable de la tragedia que habría marcado su vida, y que, contrario a sus palabras, Bud siempre habría ayudado a su hermano, como cuando observó que el Santo de Andrómeda estaba a punto de vencerlo en combate. El Guerrero Divino de Arkor niega esto con todas sus fuerzas y reinicia una ráfaga de ataques que ponen a Ikki al punto de la derrota. A punto de asestar el golpe final, Shun interviene abogando por su hermano y, aumentando el dramatismo del momento, el moribundo Syd se levanta para tomar a Ikki como prisionero en un abrazo suicida, pidiendo a su hermano que lance el golpe final aunque termine con su vida igualmente.

Ikki reta a Bud a obedecer las palabras de su hermano, él no piensa defenderse, pero se pregunta si acaso la sombra de Zeta será capaz de cumplir cabalmente la petición del moribundo. El dios de Arkor decide atacar, pero antes de terminar la ejecución de su técnica se detiene. La muerte de su hermano y su ofrecimiento de sacrificio para pagarle el daño que jamás le hubiera hecho en su vida han dejado al Dios Guerrero totalmente hastiado de sangre y combates, dejando un sentimiento de tristeza y pérdida en su alma. Tomando entre sus brazos a su hermano, Bud le pide a Ikki que luche por aquel mundo en donde los hermanos no tengan que ser separados nunca por ninguna circunstancia que el Ave Fénix le dijera fuera su sueño. El dios guerrero de Arkor desaparece junto con su hermano para llevarlo a descansar en suelo familiar.

8. Alfa: ¡Santos de Bronce vs. Sigfried!

Hyoga recupera el sentido brevemente para abrir paso con lo que le resta de su cosmo a Seiya, al cual le dice que continúe. El Pegaso asiente, sabiendo que el tiempo pasa y que están a punto de conseguir la victoria. Hilda ordena a Sigfried que salga al patio del Valhalla para detener al guerrero de Athena y poder esperar la muerte de la diosa, la cual se aproxima, pues es capaz de sentir el debilitado cosmo de Saori el cual va menguando dramáticamente. Un muy fatigado Santo de Bronce de Pegaso aparece en la escena cuando ve aparecer ante él al imponente Dios Guerrero de Alfa: Siegfried de Duhbe, del cual, corren los rumores, aparte de ser el defensor de Odín más fuerte de todos es invencible, siendo la reencarnación del héroe de la leyenda. Seiya explota su cosmo con empeño, pero descubre que las leyendas no parecen ser meras exageraciones, sobre todo cuando es atacado por la Espada de Odín, un ataque que hace caer a Seiya inconsciente.

Siegfried observa el cuerpo caído del Pegaso de Bronce pero recibe una ráfaga de ataques del Santo de Bronce de Fénix, el cual, ha llegado hasta ahí en compañía de Hyoga y Shun. El combate es intenso, pero Siegfried aprovecha que, además de poderoso, se enfrenta a unos cansados Santos de Athena que vienen muy disminuidos de sus batallas con los otros dioses guerreros. Finalmente, Ikki también cae derrotado ante Duhbe, el cual, no deja de decir que "el poder de los Santos de Oro no es nada a su lado". Ni Shun ni Hyoga ofrecen tampoco resistencia, ambos son vencidos con la Espada de Odín. La esperanza de Athena parece haber fracasado. Hilda goza su victoria por adelantado, pero de pronto, se escucha en la Sala de Trono una misteriosa música de flauta, la cual es emitida por un extraño el cual le recuerda que si ha podido lograr lo que ha hecho es gracias a la ayuda de "su Señor", aquel que le diera el Anillo de los Nibelungos, y que lo mejor será permanecer alertas hasta el resultado final del drama.

Afuera, Shiryu ha alcanzado a llegar al patio del Valhalla para reunirse con sus amigos y cumplir su promesa. Ha llegado sin armadura y para su sorpresa encuentra a sus compañeros caídos en combate contra el Guerrero Divino de Duhbe. Lejos de rendirse, el Dragón de Bronce saca la casta y se lanza al ataque de su enemigo, el cual se muestra como un adversario formidable. La fortaleza de éste queda de manifiesto cuando el cuerpo desprotegido de Shiryu es herido en gran magnitud al recibir el castigo de La Espada de Odín. Al resultar herido, Shiryu cae en la desesperación de tener que utilizar la técnica que utilizara contra Shura de Capricornio: El Último Dragón. Siegfried conoce las consecuencias de la ejecución de aquella técnica, siendo otro Caballero del Dragón, pero toma por cobardía un momento de duda de Shiryu, el cual no la realiza por temor a destruir el séptimo Zafiro de Odín necesario para salvar a Athena y al mundo. Molesto, el Guerrero Divino de Alfa decide utilizar su Dragon Bravest Blizzard, una variante del Rozan Sho Ryu Ha de el Santo de Athena. El poder de los puños de Siegfried es devastador, Shiryu cae sangrando ante la preocupación de sus compañeros. Pero al haber recibido de lleno el poder de su rival, el Dragón de Bronce ahora ha descubierto cómo puede derrotar al, aparentemente, invencible Guerrero Divino.

Atónito, Siegfried observa como Shiryu se levanta y le increpa a que ejecute una vez más su técnica del Dragón, advirtiéndole que de hacerlo se condenará a la derrota, puesto que ha descubierto su punto débil. Alfa ríe ante la temeridad del joven, aunque en su corazón admira a los guerreros de Athena, y deseando haberlos conocidos en otras circunstancias. Seiya observa el encuentro con atención, pues es el propio Shiryu el que le dice que, así como alguna vez Seiya descubriera que al ejecutar su técnica del Rozan Sho Ryu Ha su corazón quedaba expuesto haciéndolo susceptible a un ataque, Siegfried lo es igualmente. Ambos hombres descargan sus golpes, llevándose Shiryu el peor golpe al encontrarse sin armadura. El Dragón de Bronce resiste unos momentos más de pie, diciendo que ha ganado contrario a lo que Siegfried piensa, pues ahora ha mostrado el camino que Seiya tiene que seguir para vencerle, y que confía en él para que salve a Athena y al mundo. Duhbe no puede creer la capacidad de sacrificio y entrega que estos niños de Oriente parecen poseer, en su mente, además de la admiración ahora comienza a surgir el temor, pues ha comenzado a creer en la capacidad de los guerreros de Athena de producir milagros.

Inspirado por la valentía del Dragón, Seiya se levanta para seguir la lucha. El Pegaso intenta una y otra vez, sin conseguir derrotar al legendario Guerrero Divino. El combate entre estos dos no está exento de sorpresas, primero al llegar Shaina e interponerse entre ambos hombres durante el fragor de la lucha, pero es mayor aún cuando Hilda interrumpe la escena para reclamar a Siegfried el que no haya terminado con sus pobres adversarios teniendo el poder de haberlo hecho hacía ya mucho tiempo. Para su mayor sorpresa, junto a Hilda aparece un extraño enfundado en una armadura parecida a la de los Santos Dorados que lleva una flauta en la mano, revelando ser Sorrento de Sirena, uno de los 7 Generales Marinas de Poseidón, dios de los Mares, el cual habría conquistado Asgard desde tiempos antiguos y sometiendo a la nación y su dios, Odín. Sin comprender el porqué de la presencia de aquel hombre ahí, Siegfried escucha la revelación de propios labios del sirviente de Poseidón que habría sido el dios de los Mares el que puso el Anillo de los Nibelungos en manos de Hilda para poder derrotar a Athena y sus Santos, y así, hacerse del control de La Tierra. Siegfried no puede creer lo que ha escuchado, ahora entiende lo inútil de las peleas y las muertes de sus compañeros. Sorrento se dispone a acabar con Seiya, el cual escucha a todo esto tan sorprendido como Siegfried, cuando el Dios Guerrero de Duhbe se vuelve hacia Seiya y hace un gesto amenazante. Hilda y Sorrento piensan que el dios de Alfa desea concluir con su misión cuando, para su sorpresa, arranca el Zafiro de Odín de su armadura hiriéndose en el proceso y ofreciéndola a Seiya.

El Héroe Legendario observa a Hilda con profundo cariño y le pide a ella que vuelva a ser la de antes con la ayuda de Athena y sus Santos, mientras que él se lanza en un ataque suicida contra Sorrento de Sirena, quien sorprendido ante estos acontecimientos, es elevado al cielo mientras que Siegfried Duhbe de Alfa ejecuta el Último Dragón con el pesar de las muertes de sus amigos y con la preocupación del bienestar de Asgard y su soberana. 

Cuando todo esto pasa, Seiya siente el apremio del tiempo estando a punto de anochecer. Los demás Santos de Bronce le urgen a actuar y salvar a Athena. Hilda lo espera desafiante, poseedora del poder del Anillo de los Nibelungos cree que tiene la victoria asegurada.

¿Lograrán los Santos de Athena derrotar a la Princesa Encantada por la Sortija del Mal?

Se han narrado en esta sección los capítulos 87 al 97 de la serie animada de Saint Seiya. Estos no tienen ninguna correspondencia con el manga original escrito por Masami Kurumada. Como nota adicional, éste mapa de Asgard muestra el sitio donde las Armaduras de los Guerreros Sagrados surgieron o cayeron desde el Cielo y fue proporcionado en la caja original de Cygnus vendida en Japón. Éste mapa no muestra el lugar de las peleas, pues como se puede ver en la correspondencia de letras griegas el sitio que marca Alfa es alejado de Valhalla, donde realizó sus combates. Para comprender las letras véase esta referencia:

a - Alfa Duhbe - Siegfried
b - Beta Merak - Hagen
g - Gamma Fecda - Thor
d - Delta Megrez - Alberich
e - Epsilon Alioth - Fenrir
z - Zeta Mizar - Syd
h - Eta Benetnasch - Mime

 

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