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La Saga de Asgard parte 2

Batalla en los Hielos Eternos.

Haz click en la letra del dios guerrero correspondiente para leer su combate en la Guerra Sagrada. Recuerda que sólo están activos en ésta página los relatos correspondientes a los tratados en esta sección.

1. Gamma: ¡Seiya vs. Thor!

¡No hay tiempo que perder! Seiya, Hyoga y Shun inician su camino internándose en el paisaje helado de Asgard y es el Pegaso el que decide iniciar el ataque contra Thor, el cual no parece resultar afectado por los ataques del Santo de Bronce. Seiya le pide a Hyoga y a Shun que sigan su camino mientras él se encarga del dios de Fecda, el cual observa cómo los Santos del Cisne y de Andrómeda pasan de lado, al tiempo que el imponente cosmo del dios guerrero se enciende y lanza sus martillos en contra, aparentemente, del Pegaso, el cual, lanza su Meteoro de Pegaso desviando las armas del dios guerrero. La sonrisa de satisfacción de Thor se borra cuando los martillos pasan de lado de Thor, el cual revela que, desde un comienzo el ataque iba dirigido a Hyoga y a Shun, los cuáles observan como las armas los golpean dejándolos sin sentido.

El Pegaso reinicia su ataque, pero la fortaleza del Dios Guerrero es demasiada, y Seiya cae una y otra vez ante los ataques, en un momento, el Pegaso de Bronce es lanzado lejos por la técnica de Thor, pero es salvado en el último de los momentos por Shiryu, el cual ha regresado de Oriente con información que ha proporcionado el Viejo Maestro de Libra: Hilda ha sido poseída por el Poder del Anillo Nibelungo y para poder deshacerse de esa maléfica influencia será necesario obtener los 7 Zafiros de Odín, las joyas que ostentan orgullosas las God Robes de los Guerreros Divinos para así invocar a la Espada de Balmung. Al escuchar estas palabras para Seiya la misión recobra sentido. Elevando su cosmos nuevamente, el Pegaso le pide a Shiryu que ayude a Hyoga y a Shun y les informe de lo que deben hacer mientras que él consigue el primer Zafiro de Odín de Thor.

Pero el Dios Guerrero de Fecda no se muestra muy de acuerdo con las intenciones de Seiya, el cual, intenta razonar con él diciéndole que no es su intención el terminar a Hilda, sino liberarla de la maldad que la ha cambiado. Estas palabras de Seiya impresionan a Thor, el cual recuerda que la Sacerdotisa de Odín era dueña anteriormente de un Cosmo amable y que le salvó la vida alguna vez. Sin embargo, su sentido del deber hacen que se sienta avergonzado de haberse dado la oportunidad de escuchar las palabras de Seiya y reinicia su ataque. El Pegaso de Bronce sigue en problemas, a pesar de combatir con todas sus fuerzas. Finalmente, en un momento, Seiya es capaz de derrumbar al gigante y cree haber ganado cuando él demuestra que su Cosmo está más elevado que nunca.

Cuando Seiya vuelve a caer, Shiryu y los otros Santos de Bronce se preparan para contraatacar pero ocurre algo que cambiaría el rumbo de la pelea. Saori Athena, en medio de su preocupación por salvar al mundo y, a pesar de estar arriesgando su vida, aúna su poderoso y cálido Cosmo al de Seiya, haciéndole revivir de entre los escombros. Esta comunión de la diosa con su Santo hacen que Thor finalmente se de cuenta de que algo malo está ocurriendo realmente con la querida Hilda de Asgard. Llevado por la obligación del deber, Thor se enfrenta en una última ocasión a Seiya, sin embargo, su deseo es ya claro: Que Athena y sus Santos salven a Hilda y a Asgard.

Thor muere rogando porque su deseo se cumpla. Los Santos de Bronce ahora tienen claro lo que tienen que hacer, y como hicieran en la Batalla de las XII Casas, deciden separarse para abarcar más terreno y encontrarse en Valhalla para salvar a Saori y al mundo.

 

2. Epsilon: ¡Shiryu vs. Fenrir!

Al pie de una cascada congelada Shiryu detiene su apresurado paso. Los ominosos aullidos de una jauría de lobos se escuchan a lo lejos, al mismo tiempo que puede percibir la presencia de un poderoso y agresivo cosmos que lo acecha desde las sombras. El sensible cosmos de Shiryu hace que, a gritos, obligue a su rival  a mostrar su presencia y presentarse: No es otro sino el dios guerrero de Epsilon, Fenrir, El Comedor de Hombres.

Shiryu intenta hacer las cosas más sencillas y comienza explicándole al joven de ojos ámbar el motivo de su lucha: No están ahí para combatir contra ellos ni hacerles la guerra sino para liberar a Hilda de la influencia del Anillo Nibelungo el cual la está controlando, para ello sólo requieren de los Zafiros de Odín para invocar la Espada Balmung. El dios de Alioth lo escucha con una sonrisa indiferente: a él no le interesan las buenas o malas intenciones que los Santos de Athena tengan, tampoco le importa un mundo terminado por las inundaciones que el derretimiento de los hielos eternos podrían causar, sólo le importa poder descargar su odio y su rencor contra los humanos en una intensa lucha. El Dragón de Bronce se da entonces cuenta que tendrá que obtener el Zafiro de Odín por la fuerza.

Inicia el combate, pero pronto Shiryu descubre que su rival es uno que respalda su actitud con velocidad y fuerza, algo que lo hace sumamente peligroso, además de utilizar entre sus técnicas, el control de sus bestias que llegan incluso a atacar a Shiryu el cual debe de recibir en un momento la ayuda de Athena para deshacerse de ellos. La sensación de calidez de Athena parece hacer que la actitud de Fenrir se vuelva mucho más agresiva, por lo que sus ataques se vuelven aún más agresivos y dañinos, llegando a herir a Shiryu en los ojos y cegándolo por el resto de la pelea. El Dragón de Bronce no logra comprender el enojo que Fenrir parece expedir de su actitud y sus palabras hasta que el mismo Dios Guerrero descubre los motivos detrás de su actitud una vez que escucha hablar a Shiryu sobre la amistad.

Fenrir revela que era un huérfano que cayó en la desgracia el día que su familia, antes honrada, fue destrozada por un giro dramático del destino en el que la traición de viejas amistades tuvo mucho que ver. Lleno de ira, el joven se habría criado entre aquellos lobos que hoy lo acompañaban en su combate. Shiryu le escucha y trata de reconfortarle con sus palabras, pero el corazón de Fenrir está demasiado lleno de amargura como para poder tomarle en serio, por lo que el combate reinicia. El Dragón de Bronce está en problemas, no sólamente está herido gravemente, sino que ha mostrado ya sus golpes más poderosos y una y otra vez, habrían sido evitados y superados por el dios guerrero de Alioth, por lo que decide recurrir a la estrategia que ni la fuerza física ni las palabras lograron.

Deshaciéndose de su armadura, Shiryu logra distraer a su enemigo lo suficiente como para hacerlo confiarse de la seguridad de su victoria, además de continuar retándole a definir quién de los dos tendría la razón respecto a sus maneras de enfrentar la vida. En un último golpe, Shiryu es alcanzado por la técnica de Fenrir: Wolf Cruelty Claw, el cual, lanza su Rozan Sho Ryu Ha contra la cascada congelada y provocando una avalancha que alcanza a los dos guerreros sepultándolos entre la nieve. Quizá habrán sido las palabras de Shiryu, quizá Fenrir habría resultado más herido de lo aparente, pero lo único cierto es que el Lobo de Asgard no se volvió a levantar luego de éste combate. De entre la nieve, los lobos de la jauría de Alioth ven como Shiryu recoge el Zafiro de Odín correspondiente a Epsilon. Llenos de furia, los Lobos entregan su vida en la búsqueda de una venganza que no concretan al morir en una caída a un precipicio, y dejando al Santo de Bronce del Dragón sin sentido al fondo del mismo mientras que se aferra a la exótica joya.

3. Beta: ¡Hyoga vs. Hagen!

Hyoga avanza mientras tanto en su camino hacia el Palacio del Valhalla siendo seguido por un guerrero que busca venganza: el Dios Guerrero de Merak: Hagen aparece ante él para retarle en un duelo de técnicas congelantes que se suceden uno tras otro en medio del paraje helado de Asgard. Beta demuestra haber hecho investigaciones al demostrar conocimientos de su enemigo, al cual, sabe, se habría entrenado en Siberia y poseedor de las técnicas de hielo entre los Santos de Athena. Hagen incluso llega a sorprender en la versatilidad de sus poderosos ataques al utilizar una técnica que deja la Garra Trueno de Shaina pálida en comparación. Pero el coraje en el ataque de Merak es alimentado por motivaciones personales que pronto dejará claras ante el Santo del Cisne, el cual, se muestra superior en el dominio del Hielo como arma de ataque cósmico.

Siguiéndolo por el paraje, Hyoga ingresa a una caverna a donde se internara el Guerrero Divino sabedor de que se dirigie a una trampa. Mientras el Cisne de Bronce avanza observa que algo curioso, e inesperado, ocurre: el hielo en el interior de la caverna se está derritiendo, mientras que un extraño resplandor rojizo rompe la  oscuridad que se esperaría de encontrarse en el interior de una cueva. Al llegar al fondo de la misma se revela la causa detrás de estos acontecimientos, pues un estanque de magma hirviente lo recibe, y ahí, parado desafiante lo espera Hagen para continuar con su encuentro. El Cisne intenta  convencer al dios de Merak para que la lucha no se realice, no es su intención invadir Asgard y terminar con los dioses guerreros, sino salvar a Hilda del influjo de la maldad del Anillo Nibelungo. Las palabras del Santo de Athena enfurecen al Guerrero Divino, el cual, acusa a Hyoga y a Athena de haber lavado el cerebro de la ingenua princesa de Asgard, Flare, para convencerla de unirse a los enemigos de su Nación y de su hermana.

El Cisne de Bronce  escucha estas palabras y trata de convencer a Hagen que sus impresiones son incorrectas, incluso revelándole que fue la propia Princesa la que le pidiera que la llevara al lado de Athena y sus Santos para dar la ayuda que ella buscaba para su hermana. Tomando esto como un insulto imperdonable, el Dios Guerrero de Merak descarga toda su furia revelando que tiene también el poder del fuego, mismo que llegó a dominar al haber entrenado en dicha caverna desde pequeño. Debilitado por el calor del lugar, el Cisne de Bronce apenas acierta a defenderse y se encuentra en graves problemas. La explosión del encuentro es tan grande que lejos de ahí, en el risco donde Flare y Kiki han permanecido en vigilia de Saori que sigue usando todo su cosmo de diosa para evitar que los hielos se derritan es sentido por el pequeño niño, el cual informa que ha visto a Hyoga en peligro en medio de un sitio lleno de fuego. Flare, quien ya siente un afecto amistoso por el Cisne de Bronce escucha esto escandalizada, pues adivina que no puede estarse enfrentando a otro Dios Guerrero sino a su amigo Hagen de Merak. Temerosa de que cualquiera de los dos resulten lastimados, Flare decide dejar el sitio intentando detener la batalla.

Flare demuestra su conocimiento de Hagen y de sus rutinas al llegar rápidamente al sitio en dónde se realiza el choque de guerreros. Dentro, el Cisne de Bronce sigue en problemas aunque ha podido dar, de vuelta, algunas sorpresas que han hecho que el Dios Guerrero de Beta de pronto muestre algo de cautela. La voz de Flare llena el sitio haciendo que Merak detenga su ataque. Ver a Flare hace que los recuerdos de su niñez vengan a su mente, recordando el celo de convertirse en el protector de Asgard y de la Princesa así le tuviera que costar la vida. Hagen le suplica a Flare que recapacite en su postura de haberse puesto del lado de Athena y sus Santos, intentándole hacer ver que ellos la han manipulado para que ocurra esa tragedia y culpándolos del alejamiento que ambas hermanas han sufrido. Pero Flare responde que su percepción es errónea y que la única y verdadera esperanza de Hilda y Asgard son Athena y sus Santos, los cuáles están arriesgando sus vidas para salvarles. Los celos y el rencor que las palabras de la princesa asgardiana producen en Hagen hacen que el Dios Guerrero decida reiniciar su ataque, pero su corazón termina de romperse cuando Flare se interpone entre Hyoga y él mientras ella le ruega porque no hiera a Hyoga.

Decepcionado y embargado por los celos, el dios de Beta descarga su Great Ardent Pressure contra Flare y el Cisne de Bronce, el cual, apenas alcanza a reaccionar para cubrir a la princesa del ataque que el despechado hombre ha lanzado de manera poco honorable. Aunque Flare no recibe la técnica sí pierde el conocimiento al chocar ella y el Santo de Athena, contra una de las paredes de la caverna. Indignado, Hyoga del Cisne se levanta haciendo arder todo su cosmo, hasta ése momento no había puesto todo el corazón en la pelea intentando razonar primero con su rival y luego tomado por sorpresa, pero Hagen ya no tiene ninguna novedad que ofrecer, mientras que él aún contaba con su arma más poderosa: La Ejecución de la Aurora. Elevando su cosmos hasta el 7° Sentido, El Cisne de Bronce lanza la misma contra el Dios Guerrero de Merak, el cual, recibe el golpe de lleno perdiendo la vida. Cuando Flare despierta es para encontrar el cadáver de su amigo al cual llora desconsoladamente.

Fuera de la caverna donde Hagen entrenara para convertirse en un gran guerrero se encuentra la cruz de la tumba que el Cisne de Bronce erigiera para su rival de manera honorable, honrando así la memoria de un hombre que habría entregado su vida por una causa equivocada pero no por ello haciendo del hecho algo menos doloroso para quienes dejó atrás.

4. Eta: ¡Shun e Ikki vs. Mime!

Shun sabe que la pelea es cruel, a lo largo del camino ya habría percibido el cosmos de Seiya y de Shiryu disminuir peligrosamente, pero eso sólo aumentaba la urgencia de los demás en seguir adelante con la misión que se habían prometido llevar a cabo. Mientras seguía su camino, el Santo de Andrómeda reflexionaría sobre la fiereza de la guerra y lo absurdo de tanta muerte, en su corazón, el hermano menor del Fénix, desearía no estar involucrado en estas luchas que parecían sucederse una tras otra. En medio de estos pensamientos, el joven habría alcanzado unas ruinas en donde el sonido de una nostálgica melodía invadió el ambiente. Sorprendido, el Santo de Bronce encontraría frente de sí a un Dios Guerrero con un arpa en la mano, revelándose como el responsable detrás de las notas que le hubieran intrigado minutos atrás. Mime, Dios Guerrero de Benetnasch recibe a Shun con esas notas informándole que es la música que él toca por motivo de su muerte y lanza golpes a su nuevo enemigo, mismos que el joven evita y contraataca.

Sin embargo, las famosas Cadenas de Andrómeda se detienen en pleno camino contra su rival. Para sorpresa de Shun, las mismas son incapaces de reaccionar ante el enemigo que tiene enfrente, ni lo encuentran ni lo pueden atacar, a causa de la extraña música que el asgardiano produce. Shun se pregunta qué puede causar el extraño comportamiento de sus leales Cadenas cuando al observar los ojos de su rival se da cuenta de la razón: Mime es un guerrero que lucha sin la sangre caliente de un verdadero guerrero, de hecho, parecería incluso padecer el hecho de luchar, a pesar de ser sumamente poderoso. Mime, un experto lector del corazón y las almas humanas, observa a Shun y le dice que ambos son parecidos y que uno de ellos deberá de ganar sobre el otro. Utilizando un potente cosmos de ilusiones logra engañar a Andrómeda de Bronce de tal forma la pelea se resuelve a favor de Mime lográndolo hacer dudar de la utilidad de seguir adelante con una batalla en la que él verdaderamente no cree. Shun, arrastrado por estas palabras baja las manos y pareciera que está a punto de entregarse a la derrota cuando el cosmos de Ikki, el hermano mayor de Shun, habla directamente al Cosmo de su hermano animándole a seguir luchando y no rendirse.

Para sorpresa de Mime, el joven se levanta dispuesto a seguir luchando con energías renovadas, lo que hace que el Dios Guerrero de Benetnasch ataque con más fiereza al Santo de Athena. Desesperado al no poder utilizar sus Cadenas, Shun decide utilizar su última técnica: El Vapor Nebuloso contra su rival, tratando de convencerle que desista para no tener que matarlo, siendo que en realidad los Santos de Athena desean salvar a Hilda del influjo del Anillo Nibelungo. Pero para el Guerrero Divino estas palabras son inútiles y sigue adelante con el combate. Renuente, Shun estalla su cosmos con su potente Tormenta Nebular tomando por sorpresa al Dios Guerrero de Eta. Al terminar la tempestad producida por su Cosmos, Shun observa asombrado que su técnica habría resultado inútil, al haber utilizado Mime las cuerdas de su extraña arpa como un ancla que evitó ser arrastrado por el impactante ataque del Santo de Athena. Sin energías para contraatacar, Mime reinicia la batalla enredando a Shun en las cuerdas de su lira y está a punto de terminar con la vida del joven con su Stringer Requiem cuando una pluma rompe la cuerda que estrangulaba a su hermano. De entre las sombras aparece Ikki, El Inmortal Ave Fénix, quien ha decidido continuar con el combate que su hermano estuviera a punto de perder.

Ikki se sorprende de encontrar a un Dios Guerrero que lo ataca con una potencia que le recuerda la rapidez de Saga, Santo de Oro de Géminis. Sorprendido, el Ave Fénix admite que ha logrado evadir los golpes por haber enfrentado a los Santos Dorados en el pasado. Mime sin embargo lo escucha sin importarle realmente lo que tienen que decirle, está muy ocupado intentando hacer temer a su rival al cual le revela que está frente a un rival peligroso y que no deje llevarse por la apariencia de la frialdad de su Cosmos en el ataque, que Ikki le señala, ya que él estaría enfrentando a un hombre que habría matado a su propio padre y sin remordimientos. Ikki escucha las palabras de Mime con atención. 

Sin embargo, lejos de sorprender al Ave Fénix, es Mime el que termina sorprendiéndose cuando Ikki le revela que en el pasado ellos habrían sido muy similares, odiando a todo el mundo. Adivinando que detrás del muro de frialdad eregido por Mime como protección podría hallar el punto débil de éste temible guerrero, Ikki aplica su Ho Gen Ma Ken en su rival, haciendo que el Guerrero Divino de Benetnasch descubriera acontecimientos que habría intentado ignorar para no ser víctima del remordimiento por haber terminado con la vida de Folken, el cual, habría arriesgado su vida por él en el pasado y lo hubiera tomado en adopción en penitencia por haber matado, de manera inadvertida, a su madre cuando su verdadero padre lo intentara matar traicioneramente. Mime, acostumbrado a las técnicas de ilusión, se ríe de Ikki diciéndole que hacerle tener una pesadilla no logrará que él consiga ganar la batalla, pero es sorprendido por el Ave Fénix cuando éste le revela que la técnica que le habría aplicado no habría sido usada para hacerle tener una pesadilla o una alucinación sino para revelarle una verdad que él había querido ignorar.

Obteniendo sus recuerdos de forma total, Mime llora por la revelación y su Cosmos se eleva de manera peligrosa, tanto, que las Cadenas de Andrómeda reaccionan ante la presencia de un enemigo que, en esta ocasión, no sólo pelea como una máquina sino que imprime su propio odio detrás para exterminar a sus enemigos. El Dios Guerrero de Benentnasch se levanta brillando de ira y lanza ataques salvajes contra el Ave Fénix quien es tomado por sorpresa por la insospechada fuerza de éste guerrero. Mime aprovecha un descuido del Ave Fénix y logra atraparlo entre las cuerdas de su lira como hubiera hecho con Shun momentos antes, comenzando contra Ikki su atraque de Réquiem de Cuerdas, a punto de ser ejecutado, las Cadenas de Andrómeda detienen a Mime: El hermano menor de Ikki ahora ha decidido intervenir para rescatarle. Mime se muestra enojado, y está a punto de responder a Shun cuando la voz de Ikki lo detiene. El Ave Fénix le pide a Shun permanecer ajeno a la pelea que él planea ganar, y para sorpresa de los dos hombres que observan al Ave Inmortal, ven como logra liberarse de su prisión de cuerdas con un despliegue cósmico impresionante.

La Lira de Orfeo se hace añicos, mientras que la armadura de Ikki ha quedado destrozada en el proceso. Ambos hombres se miran frente a frente. Mime ha estado escuchando todo este tiempo de parte de Ikki que es un hombre que lucha por la esperanza de conseguir un mundo donde los seres amados no se hieran entre sí, algo que, muy adentro de Mime se traduce en un deseo que le gustaría fuera cierto, acentuado ahora por sus remordimientos al conocer la verdad detrás de su adopción. Desprendiéndose de su armadura, el Dios Guerrero de Eta reta a Ikki a un último golpe que decida cuál de los dos tiene la razón respecto al mundo. Shun observa tenso como ambos hombres se cruzan en un último golpe cósmico que concluye con la petición de Mime a Ikki que cumpla su promesa de un mundo sin odio y con esperanza. El Dios Guerrero de Eta entrega su vida esperando poder reencontrarse con Folken, su padre, en el otro mundo. Ikki cae herido y le pide a Shun que prosiga su camino, llevándose el Zafiro de Odín de Mime, con la promesa de alcanzarle a él y a los demás más adelante en el Valhalla.

Terribles batallas han sucedido hasta ahora, pero los Santos de Athena no habrían termiando aún su misión, pues el tiempo seguía transcurriendo inexorable, acercando a la diosa  y al mundo, cada vez más al desastre.

Se han narrado en esta sección los capítulos 76 al 86 de la serie animada de Saint Seiya. Estos no tienen ninguna correspondencia con el manga original escrito por Masami Kurumada. Como nota adicional, éste mapa de Asgard muestra el sitio donde las Armaduras de los Guerreros Sagrados surgieron o cayeron desde el Cielo y fue proporcionado en la caja original de Cygnus vendida en Japón. Éste mapa no muestra el lugar de las peleas, pues como se puede ver en la correspondencia de letras griegas el sitio que marca Alfa es alejado de Valhalla, donde realizó sus combates. Para comprender las letras véase esta referencia:

a - Alfa Duhbe - Siegfried
b - Beta Merak - Hagen
g - Gamma Fecda - Thor
d - Delta Megrez - Alberich
e - Epsilon Alioth - Fenrir
z - Zeta Mizar - Syd
h - Eta Benetnasch - Mime

 

 

Pollux Dioscuros

 

 

 
 
 
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